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CAPITULO
1
EL
UNIVERSO
1.1
LA
TIERRA
La
Tierra: Sol III para algunos, U+342, G.1681, E.14233, P.3 en la
denominación oficial intergaláctica, afecta la forma aproximada de una
esfera cuyo radio es en Km., más o menos 6.378. Su superficie es de unos
510 millones dé Km2; de esta cifra, algo más del 72% está
ocupada por el agua de mares y océanos y el resto, es decir cerca de 149
millones de Km2, lo ocupa la tierra.
La tierra y
el agua se hallan compuestas, integradas y pobladas por elementos muy
diversos en género y tamaño, que han sido agrupados con generoso criterio
en tres "reinos": el reino mineral, el reino vegetal y el reino animal. El
reino mineral está compuesto por las rocas, incluyendo el petróleo, el
uranio y las piedritas del arroyo. El reino vegetal está compuesto por las
plantas, y el reino animal, como su nombre lo indica, está compuesto
por los animales.
En el
reino animal se lo suele incluir al hombre a quien se le ha dado por
autodenominarse “Rey de la Creación".
Esta
inclusión del Rey de la Creación en el reino animal se explica fácilmente
dentro del "generoso criterio" que hemos mencionado, pero resulta harto
discutida y discutible a la luz de lo que se verá.
El
Rey de la Creación ocupa sobre la tierra regiones bastantes bien definidas
que reúnen condiciones topográficas, climatológicas, etc. que sean
favorables a su existencia. A esas regiones los técnicos han dado el
nombre de "Ecúmeno" y, por el contrario, a las otras, a aquellas cuyas
condiciones hacen poco menos que imposible la vida del hombre, se las
conoce como "Anaecúmeno". Si bien esas condiciones pueden ser, y son de
hecho, modificadas por la acción del hombre, podemos decir que hoy por
hoy, la superficie del anaecúmeno supera ampliamente la del ecúmeno. De
ese 27% de la superficie total de la tierra que emerge de las aguas sólo
un 42% es productivo, y esto sin contar las ciudades, que es el lugar
donde los hombres se concentran con preferencia creciente y que nadie
podría decir, a ciencia cierta, si pertenecen al ecúmeno o al
anaecúmeno.
La
cantidad de reyes de la creación que viven sobre la superficie de la tierra
puede calcularse, chino más, chino menos, en unos 5.000 millones de habitantes,
cantidad que crece al extremo de causar pánico a los que tienen miedo
de que el aire no les alcance para respirar ni los alimentos para satisfacer
su pavorosa voracidad.
1.2
EL
SISTEMA SOLAR
El
planeta Sol III, así habitado por el Rey de la Creación, pertenece al
grupo celeste conocido como Sistema Solar. Este sistema está integrado por
la estrella Sol, nueve planetas, 31 satélites naturales, variada cantidad
de asteroides, cometas, etc. además de un número creciente de satélites
artificiales que el Rey de la Creación ubica en órbitas diversas con
encomiable empeño y no del todo cierta intención.
Algunos
sostienen que los asteroides son restos de un planeta cuya órbita se
ubicaba entre las de los planetas IV y V, llamados respectivamente Marte y
Júpiter. Según tales, dicho planeta habría sido habitado por una raza de
seres muy evolucionados, algo así como unos Super–reyes de la Creación,
que habrían alcanzado alta civilización y un gran desarrollo tecnológico,
y que, tan sutiles en el planteo de sus ideas, no pudieron ponerse de
acuerdo sobre el lugar del planeta donde debían realizar las reuniones
previas para determinar el sitio dónde habrían de reunirse los
representantes de los Grandes Jefes para definir el lugar donde los
Grandes Jefes conversarían sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo
acerca de la conveniencia de poner fin a ciertas discusiones que mantenían
en tensión creciente a los factores de poder. La sutileza intelectual, el
formidable desarrollo tecnológico y la tensión llegada a su clímax,
habrían desembocado en un mutuo y simultáneo ataque nuclear que habría
hecho, literalmente, saltar en mil pedazos el planeta.
Como
se verá a lo largo de este trabajo ésta es una fábula inventada por
alguien con laudable, aunque ingenua, intención pacifista.
De
los demás planetas que integran el Sistema Solar son destacables Venus y
Marte.
Venus,
que por ser el que más hermoso luce en el cielo, ha sido tomado para
piropear a la Virgen María, y Marte que con su amenazante color bermejo
fue símbolo de la guerra entre los pueblos antiguos y que hasta hace poco
despertó la inquietud entre los hombres con sus presuntos canales, sus
casquetes polares de dimensión variable y su nunca comprobada floresta de
follaje rojo.
Marte
tiene dos satélites: Deimos y Fobos, por su pequeño tamaño, 4 y 7,5 Km. de
radio respectivamente, y por su corto período de revolución, poco mis de 7
horas y media para Fobos, han sido vistos por algunos como estaciones
espaciales puestas en órbita oportunamente por los científicos
marcianos.
Actualmente,
luego de las experiencias "Mariner" con sus fotos y todo eso, parece
descartarse toda esa fantasía, pero queda aún una duda y una certeza; la
duda: esos pequeños satélites pudieron ser puestos en órbita por criaturas
de otro punto cualquiera del espacio. La certeza: aquí en la tierra todo
"bicho raro", extraterrestre a no, será siempre un "marciano".
También
debemos mencionar a Saturno, uno de los grandes, con su diámetro de
119.700 Km. casi nueve veces y media el de la Tierra; sus diez satélites y
sobre todo sus sorprendentes anillos que abren la imaginación a la
concepción de mil variadas formas espaciales aún no conocidas. Bien puede
uno solazarse imaginando el ballet de anillos y satélites saliendo y
poniéndose en un crepúsculo del firmamento saturniano.
Y
Júpiter, el mayor de todos. Su diámetro, más de once veces mayor que el de
la Tierra, mide casi 143.000 Km.– Se le conocen once satélites, dos de
ellos, Ganímedes y Calisto, tienen de diámetro 5.150 y 5.180 Km.
respectivamente Algunos, que también han recibido revelaciones, aseguran
que Ganímedes está habitado por el pueblo creador de los platos voladores.
Varios satélites de Júpiter son de tan pequeña dimensión que también de
ellos podría afirmarse algo similar a lo dicho de Deimos y Fobos.
Y por
fin nos queda hablar de Plutón meritorio por ser el último tanto en distancia
al Sol como por la fecha de su descubrimiento. Dista del Sol 5.900 millones
de Km. y, siendo el más lejano, define, obviamente, la dimensión del Sistema
Solar, claro está que sin tener en cuenta a los cometas y a los meteoritos.
De los cometas no decimos nada pues de ellos puede esperarse cualquier
cosa, y si no que lo diga Kohuetec, y ante los meteoritos nos detenemos
con reverencia, cualquiera sea su origen y tamaño, pues, sin lugar a dudas,
después de Venus como lucero del alba, no hay nada más sugerente en el
cielo que una estrella fugaz.
1.3
EL
SOL
El
Sol, astro padre o estrella madre – para el caso es lo mismo – del Sistema
Solar, es para nosotros, los reyes de la creación, el más importante de
los cuerpos celestes. Se puede decir, sin exageración ninguna, que de él
depende toda la vida de la Tierra.
Así
lo entendieron los pueblos primitivos tanto de oriente como de occidente,
y aún del medio, que lo adoraron como a un dios.
El
Sol dista de nosotros unas 15.000.000 de Km. y su diámetro de 1.391.000
equivale a 109 veces el de la Tierra. La superficie del Sol es casi 12.000
veces mayor que la de nuestro planeta y su volumen supera al de éste en
más de un millón trescientas mil veces.
Como
no puede ser menos, el Sol ha sido objeto de minuciosos estudios y hoy se
sabe de él enorme cantidad de cosas sobre su luminosidad, su temperatura,
sobre sus manchas, sobre todo sobre sus manchas, las famosas manchas
solares con toda su variada gama de influencias sobre los fenómenos
electromagnéticos, las lluvias, el comienzo de la floración de los cerezos
y hasta sobre algunas de las muchas dolencias de que se queja el Rey de la
Creación.
También
se sabe una barbaridad sobre sus fulguraciones y protuberancias, sobre
las tempestades y torbellinos solares y hasta se sabe que el Sol se desplaza
por el espacio, arrastrando con él a todo su séquito de planetas, satélites
y otras yerbas, a la desenfrenada velocidad de 60.200 kilómetros por hora.
1.4
LA
LUNA
La
Luna presenta, a los fines de este trabajo, muy poco interés. No obstante,
vale la pena dedicarle un párrafo en razón de los esfuerzos que ha hecho
el hombre para lograr poner los pies sobre ella, esfuerzos que no dudamos
ha de seguir haciendo hasta tenerla totalmente sometida.
Podemos
afirmar, sin temor a equivocarnos mucho, que la conquista de la Luna
procurará a la Tierra algo más de 36 millones de Km. cuadrados de
anaecúmeno en una especie de suburbio ubicado a unos 380.000 Km. de
distancia.
A
título de curiosidad consignaremos que el costo de un campito en la Luna
puede calcularse hoy en no menos de $ 7.000 la hectárea sin contar gastos
de mensura, subdivisión y amojonamiento, ni escritura traslativa de
dominio, registro territorial, catastro provincial y municipal, impuestos
y contribuciones varias ni ninguna clase de mejora. Ni el viaje, desde
luego.
Algunos
sostienen que la conquista de la Luna ha de servir de trampolín para los
otros cuerpos celestes, aunque pudiera ocurrir que cuando se encuentre en
condiciones de funcionar como tal trampolín, las circunstancias
tecnológicas hayan variado lo suficiente como para hacer innecesario
cualquier suerte de trampolín.
De
hecho la Unión Soviética, perdida la carrera con los Estados Unidos en lo
que a poner el pie se refiere, pareció optar por la construcción de
estaciones espaciales, es decir, satisfacer el sueño del trampolín
propio.
Durante
mucho tiempo la conquista de la Luna alentó e inquietó a la humanidad por
la implícita posibilidad de instalar en ella poderosas bases de cohetes
nucleares capaces de asegurar la paz para siempre o someter al mundo a la
más horrorosa de las tiranías. Ambos extremos han sido sostenidos,
independientemente de la ideología del opinante, según a cual de los
bandos se refiera como posible conquistador. Hoy, con la probada
posibilidad de construir estaciones espaciales, con la presencia de
satélites espías y de satélites que destruyen satélites, y de satélites
que no se sabe para que diablos sirven y ante las periódicas
comunicaciones oficiales sobre la destrucción de armas biológicas,
químicas, etc. la humanidad puede concluir que la Luna en manos de los
otros, sean quienes estos otros sean, no es el mayor ni el más actual de
los peligros.
Uno
de los aspectos de la conquista de la Luna sobre el que no se ha dicho
nada, – por lo menos yo no logré leer nada sobre ello – es el relativo a
la influencia de la voluntad colectiva sobre el éxito obtenido.
En
efecto: los Estados Unidos rodearon su hazaña espacial de un marco
publicitario que volteaba, lograron así que todo el mundo, o casi todo el
mundo, estuviera frente a los televisores pendiente de la suerte de los
astronautas. Yo he visto a tres monjitas rezar temblorosas mientras
aparecían las borrosas imágenes.
La
Unión Soviética envió simultáneamente una estación automática que debía
alunizar sin pilotos. Muchos consideraron esto como una interferencia
inadmisible y no deben haber faltado más de cuatro que desearan su
caída.
La
estación soviética cayó, y la experiencia yanqui fue coronada con todos
los éxitos.
En un
vuelo posterior, la menor publicidad y cierta reiteración de la cosa,
tornaron al público más indiferente. A poco de andar se notó un que sé yo
en las baterías que puso en peligro la vida de los astronautas y se
dispuso su retorno sin completar la misión.
La
angustia nos embargó a todos, todo el mundo quedó pendiente de ese regreso
dramático y por fin, pese a las baterías, a la falta de oxígeno y a todas
esas cosas, los astronautas descendieron sanos y salvos.
Luego,
por fin, la Unión Soviética pudo poner en la Luna su estación automática y
hasta un vehículo que se paseó y transmitió Imágenes televisivas a
"piacere" de quienes lo manejaron desde la Tierra.
Digo
yo, por ejemplo, dado que la tecnología norteamericana no le sacaba gran
ventaja a la rusa, podría pensarse cualquier cosa: a lo mejor en el poder
de la oración, o en la posibilidad de una acción telekinésica al influjo
de una voluntad colectiva... que quieren que les diga... yo... yo creo en
las dos cosas.
Pero
fuera de todo esto de la conquista, hay otros aspectos de la Luna que
también vale la pena destacar: el que presenta a la orilla del mar en una
serena noche de verano o el que ofrece cuando, recién nacida, aparece como
un fino arco sobre el cielo verdoso de la tarde.
Sostienen
algunos que saludándola cuando uno la ve así atrae la buena suerte. La
fórmula exacta es decir nueve veces, pero en el mismito momento en que uno
la ve por primera vez, "luna, luna, dame fortuna”
Yo, cuando la descubro así,
pálida y finita, me la imagino integrando un cuadro de Murillo: la Virgen
María sobre ella, con su manto azul, su cabellera negra enmarcando la
bonita cara joven y su talón aplastando la cabeza de la víbora. Entonces
le rezo nueve Avemarías... y le pido fortuna.
1.5
LAS
ESTRELLAS
Hemos
dicho que para el Rey de la Creación la estrella más importante es el Sol.
Ya se verá que ésta es una opinión particular e interesada.
Si de
tamaño se trata, bastaría mencionar entre las estrellas comunes a
Aldebarán, la estrella roja de la constelación del Toro que tiene un
diámetro 38 veces mayor. Y eso que no queremos meternos ni con las
gigantes, ni con las supergigantes, calificadas así por el Rey de la
Creación en proporción con su solcito. De ellas, por ejemplo, Betelgeuse,
de la constelación de Orión tiene un diámetro que equivale a 540 veces el
del Sol y la estrella “Epsilon” del Cochero lo deja al Sol tan chiquito
que, puesta en su lugar, alcanzarla con sus bordes una posición intermedia
entre las órbitas de Saturno y Urano. Su diámetro equivale a tres mil
veces el del Sol.
Si se
nos ocurre comparar la luminosidad del Sol con la de las otras estrellas,
lo mismo: Aldebarán la tiene 120 veces mayor, y las exageradas Betelgeuse
y Epsilon la cochera, 13.000 Y 30.000 veces respectivamente.
¿Qué
decir de la temperatura? La de nuestro amarillento Sol apenas alcanza en
su superficie a los 6.500 grados centígrados, mientras que las hay que
superan los 45.000.
Tenemos
que contar también conque nuestra estrella madre, o padre, ¡qué sé yo! es
una simple estrella simple, y eso que su vecina más próxima "Alfa" del
Centauro, lo es triple. Porque hay estrellas dobles, o sea un par de
estrellas que giran una alrededor de otra, o, dicho mejor, que ambas se
mueven equilibradamente en torno a un centro de gravedad común; las hay
triples, a veces compuestas por una estrella principal alrededor de la
cual gira otra que tiene a su vez una tercera rotando en torno suyo; o
cuádruples, compuestas por un sistema de dos estrellan cada cual con su
componente secundaría, y hay también sistemas de cinco y hasta de seis
estrellas vinculantes.
Claro
está que, si queremos ser objetivos, no podemos ocultar que existen
estrellas mas chicas, menos luminosas, más frías y tan simples como
nuestro Sol, pero refugiarnos en esta mezquina observación sería una
claudicación muy poco digna de un Rey de la Creación.
Aceptemos
pues, como verdad verdadera que, como estrella, nuestro padre Sol – o
madre – no pasa de ser una mediocridad: simplona, pequeñita, tibiecita,
con un brillito amarillento que, desde Plutón no más, ni se distinguiría
de otra estrella del cielo.
Y
esto de que... "desde Plutón no más"... no es ninguna exageración. Algún
lector que, a esta altura, debe haber optado por ser "solcista" seguro que
estará pensando... ¡desde Plutón...!
¡Qué vivo...! 5.900 millones. Y ¿qué son 5.900 millones de
kilómetros? ¡Pos nada, mi cuate...! como diría un mexicano.
La
estrella más próxima a la Tierra no es exactamente "alfa" del Centauro,
como he sostenido antes. Según parece la que se nos ha acercado bastante
en estos últimos tiempos es wolf–424 que dista aproximadamente de nosotros
unos 36.700.000.000.000 Km., le sigue, sí, nuestra vieja conocida "alfa"
con sus 43.500.000.000.000 Km. luego a un tironcito más allá tenemos a la
Estrella de Bernard cuya distancia a la Tierra es algo mayor a los
50.000.000.000.000. y éstas son las que están aquí cerquita no más. La
mayoría está mucho más lejos: la Gran nebulosa de Orión se encuentra a
8.400.000.000.000.000 Km. y el Conglomerado Estelar de Hércules a
293.000.000.000.000.000.
Los astrónomos, esos sabios
profundos y minuciosos, tan empeñados en pesar estrellas, calcular órbitas
y medir galaxias y nebulosas, cual si fueran vulgares profesores de enseñanza
media, se aburrieron de poner ceros e inventaron una unidad de medida
más práctica: el "año luz" es decir la distancia que recorre la luz en
un año. Luego inventaron el "pársec" que equivale a 3,26 años luz y que,
según parece, es una unidad más cómoda para medir distancias estelares
en función de la órbita terrestre, el paralaje y qué sé yo, y por fin
utilizaron el megaparsec para no tener que empezar a poner ceros de nuevo.
1.6 LAS
CONSTELACIONES
Cuando
el Rey de la Creación comenzó a cobrar conciencia de la existencia de las
estrellas, a distinguirlas unas de otras, a observar sus movimientos y
todo eso, lo primero que hizo fue ponerles nombre, y lo segundo,
imaginarlas agrupadas formando figuras a las que, vaya uno a saber por qué
razón, las llamó con el nombre de cosas, animales y personajes por él
conocidos.
Así a
dos estrellas más o menos próximas le puso el nombre de Acuario, a otras
dos más o menos igual de próximas, Hydra; a otras dos más juntitas,
Paloma; y a otras dos igual de juntitas, Can Mayor. A tres, formando un
triángulo, por casualidad las llamaron constelación del triángulo y a
otras tres formando otro triángulo, Retículo. A cuatro que forman un
trapecio las llamaron Cuervo y a otras cuatro que forman otro trapecio,
Libra.
Y
así, aumentando el número de estrellas y la complicación de las figuras
tenemos a Orión, El Toro, La Osa Mayor, el León Mayor, etc. etc. Hay de todo: peces, ballenas,
cangrejos, pavos, escorpiones, cocheros y todo lo que se quiera. ¡Eso sí!,
cualquier correspondencia que pudiera descubrirse entre la figura que
forman las estrellas y el significado del nombre puesto a la constelación
deberá atribuirse a una curiosa casualidad.
Alguien
que sabe mucho de estas cosas me hizo notar que yo estaba equivocado, que
no se trata de dos o tres estrellas sino de muchas más, que las figuras
son más complejas de lo que parecen por que están integradas por estrellas
que no se ven a simple vista en nuestro sucio cielo ciudadano pero que
mucho pesaban en la observación de griegos y caldeos y todo eso. Pero para
mí, qué quieren que yo les diga... por más que miro, no veo nada, ni en el
Planetario...
De todas las constelaciones del
cielo, las más importantes son, sin ninguna duda, las zodiacales, es
decir, aquellas que recorre el Sol al cabo de un año en su movimiento
aparente. Las constelaciones zodiacales son doce, sin contar otras dos
inventadas recientemente por algún astrólogo insatisfecho.
La
importancia fundamental de estas constelaciones consiste en que
constituyen el punto de partida para la formulación de los
horóscopos.
Horóscopo
es una voz griega que quiere decir algo así como "mirar la hora" y define
una información que brindan periódicamente las revistas femeninas y que
permite al Rey de la Creación orientar la compleja acción que desarrolla,
en procura de venturosos resultados.
1.7 LAS
GALAXIAS
No se
ha de creer que las estrellas se organizan según esas figuras ingenuas y
románticas llamadas constelaciones. Nada de eso, su organización es mucho
menos pintoresca y mucho más desconcertante.
Las
estrellas constituyen complejos conjuntos llamados galaxias. Siguiendo
nuestro plan de referirlo todo al planetita Tierra que nos contiene, nos
detendremos primero a considerar la galaxia de que forma parte.
Mirando
el cielo en una noche clara podría notarse que las estrellas se encuentran
preferentemente agrupadas en una franja que lo cruza de lado a lado, Esta
franja, algo así como un río luminoso con sus distintos brazos y sus Islas
obscuras entre ellos, recibió de los antiguos el nombre de "Vía Láctea",
nombre que, como bien puede apreciarse, responde al mismo criterio con que
se denominó a las constelaciones.
La
Vía Láctea es, en rigor, la forma con que nuestra galaxia se ve desde la
Tierra. El sistema solar, Tierra incluida, desde luego, ocupa en ella un
secundario lugar, próximo a su borde en uno de sus rincones más sucios y
polvorientos.
La
nuestra es una galaxia del tipo "espiral" y mide aproximadamente unos
100.000 años luz de "Diámetro horizontal" y unos 20.000 años luz de
"Arriba a abajo". Lo de horizontal y lo de arriba y abajo son formas de
decir. La Vía Láctea contiene unas 100.000.000.000 de estrellas con su
correspondiente cantidad de planetas, satélites y todo eso.
Contiene
la galaxia además de sus estrellas y cúmulos globulares una considerable
cantidad de gas y polvo. El gas forma las ''nebulosas" que se llaman así
por que parecen nebulosas y el polvo que es opaco y oscuro, forma unas
nebulosas al revés, negras y profundas y sin estrellas como la conocida
“Bolsa de Carbón" que se ve – ¿0 que no se ve? – cerca de la Cruz del
Sur.
Nuestra
galaxia no contiene, ni mucho menos, todas las estrellas ni todo el polvo
ni el gas del universo. Algunos puntitos que aparecen en el cielo como
vulgares estrellitas, son galaxias más importantes que la nuestra.
Las
más próximas de ellas se conocen con el nombre de "Nubes de Magallanes",
son dos galaxias independientes que distan unos 150.000 años luz de la
Tierra.
Las
Nubes de Magallanes junto con nuestra galaxia, la de Andrómeda y otras
doce o trece más se disponen formando un pequeño óvalo achatado que mide
unos 1.500.000 años luz en su mayor dimensión y apenas unos 600.000 de
espesor. A este conjunto de galaxias se le llama familiarmente el "Grupo
local". Andrómeda se encuentra situada cerca del centro del grupo local y
nuestra galaxia, mal que le pese al Rey de la Creación, en uno de sus
bordes.
Fuera
del Grupo local empieza realmente el "Universo". Hay en el más de 12.000
galaxias y grupos de galaxias catalogados. El más cercano, más allá del
Grupo Local, desde luego, se ubica en la constelación de Virgo y dista
14.600.000 años luz. El cúmulo de Hydra dista 2.000.000.000, el de Boyero,
3.500.000.000. pudiéndose ubicar los límites alcanzados por el hombre en
sus sondeos del universo en los 8.000.000.000 de años luz.
Quizás para esta altura, algún
lector haya perdido la escala. Tal vez valga la pena recordar que un año
luz equivale a 9.460.800.000.000 Km. Con lo que la dimensión del universo
conocido podría establecerse en los 75.686.400.000.000.000.000.000 Km. que
yo leería así, aunque esté mal:
Setenta
y cinco millones seiscientos ochenta y seis mil cuatrocientos miles de
millones de millones de kilómetros, cosa que por supuesto, no nos sirve lo
más mínimo para ponernos en escala, Aproximémonos un poco más: la Luna
está a 384.000 kilómetros, un kilómetro son diez cuadras ¡Vamos!...
cobremos conciencia de nuestra propia dimensión...
No se
crea que dentro de esta cifra de ocho mil millones de años luz queda
comprendido todo nuestro universo, de ninguna manera, solo implica ella
las limitaciones de la capacidad de investigación en función del
instrumental tanto óptico como electrónico de que se dispone.
Por
lo que se sabe, nuestro universo no tiene limites conocidos y, algo más,
parece que ese limite, si existe, será muy difícil de conocer.
Según
se ha verificado las galaxias están dotadas de un movimiento de traslación
que tiende a alejarlas a unas de las otras. El grupo de galaxias de Virgo
se aleja de nosotros a una velocidad de 1.000 Km. por segundo; el cúmulo
de la Osa Mayor 12.000 Km./seg. ; el de la Corona Boreal a 18.000. Si se
tiene en cuanta que el primer grupo nombrado dista de nosotros 50 millones
de años luz, el segundo 600 millones y el tercero 900, puede concluirse
que la velocidad aumenta a medida que la distancia es mayor. Así es nomás,
y tanto que el cúmulo de Boyero que dista unos 3.500 millones de años luz
se aleja de nosotros a una velocidad de 100.000 Km. por segundo.
Los
hombres sabios que estudian todas estas cosas se han hecho esta reflexión:
Si las galaxias que están más lejos se separan de nosotros a mayor
velocidad, es posible que algunas muy distantes alcanzaran la velocidad de
la luz, ello ocurriría, según sus cálculos, con las galaxias que
estuvieran a una distancia mayor a los 10.000 millones de años luz. En tal
caso dichas galaxias serían invisibles pues su luz no nos alcanzarla
nunca... Y yo me metí en un nuevo bodrio... ¿Qué querrá decir esto de que
las galaxias viajan a mayor velocidad que la luz después del famoso
E=m.c2?
Cuando
leí estas cosas por primera vez tuve una agradable sensación de orgullo y
suficiencia: ¿Cómo? me dije, así que todas las galaxias se alejan de
nosotros?... Entonces somos el centro del Universo!
Si
todas se alejan, si ninguna se acerca... entonces, no cabe duda... ¡Somos
el Centro del Universo!
¡No,
chicos! ¡El Centro del Universo no! Esa es una idea muy cara al Rey de la
Creación, pero no, no es así.
Lo
que los hombres sabios dicen es que hace muchos millones de millones de
años se produjo una explosión cósmica y todos los cachitos del universo
salieron disparados para afuera. Esto de "afuera" debemos entenderlo,
claro está, con relación a un punto céntrico donde la explosión tuvo
lugar.
Todas
las estrellas, cúmulos globulares, galaxias, etc., incluyendo nuestro
grupo local, salieron como tiro animados por un movimiento rectilíneo cuya
velocidad aumentaba en función del tiempo, Y que, consecuentemente, era
más rápido cuanto más se alejaba del centro.
Siendo así, y atendiendo sólo a los cachitos
de universo que corren en el mismo sentido que nosotros, si miramos para
'adelante". es decir para afuera vemos a los más rápidos alejándose de
nosotros, y si miramos para "atrás", es decir, hacia "adentro" vemos los
más lentos que, al moverse a menor velocidad, también parece que se
“alejan de nosotros". Obviamente, los cachitos que se muevan en dirección
distinta que el nuestro, siempre se alejan.
¡Oh
desilusión! ¡No somos el Centro del Universo! Nuestra galaxia no es mas
que un montoncito de cascotes en un rincón del "Grupo Local", otro montoncito,
que con otros más, gravita por el espacio como un puñado de arena arrojado
en la playa por un pibe travieso.
1.8 EL
PIBE EN LA PLAYA
¿Quién
es ese pibe travieso que ha arrojado así tal puñado de arena?
Vive
en un mundo como el nuestro, que tiene un sol como el nuestro y un cielo
tachonado de estrellas.
Juega
en la playa, se baña en el mar, corretea por las piedras, se sube a los
árboles y hasta va a la escuela.
En la
escuela le han enseñado que el más chiquitito de los granitos de arena
está compuesto por millones de pequeñas partículas, porciones
infinitesimales de masa y energía, separadas entre sí por distancias
proporcionalmente enormes.
Ha
mirado una noche un cielo estrellado y le ha gustado imaginar que cada uno
de los puntitos brillantes era una de esas partículas pequeñitas de las
que hablaba la maestra, y que él vivía en una de ellas, que era muy
chiquito, tan chiquito que podía mirar a las cosas desde adentro.
Y luego,
de golpe, se ha sentido grande, enorme, más gigantesco que el mas gigante
de los gigantes, porque ha descubierto en sus manos un granito de arena,
y ha pensado que allí, dentro de él, en una de esas pequeñas partículas
de que hablaba la maestra, vivían unos hombres enanitos, muy, pero muy
enanitos.
1.9 VISION
INTEGRADORA
La
creación a la que pertenecemos está compuesta por una serie escalonada de
universos. Cada universo está constituido en todas las partes que lo
componen por una "materia" que no es sino su universo de grado inferior
pero a su vez es, en su conjunto, la "materia" de que se forma el universo
de grado superior.
Yo no
sé cuantos universos se encadenan en esta creación nuestra, sólo sé que el
universo a que pertenecemos es el +342.
Al
U+341, nuestro universo inferior, nosotros lo llamamos "materia", sus
soles, planetas, galaxias, etc. son nuestros núcleos, electrones,
moléculas y todo eso, y al U+340 los componen los "quarks" y así siguiendo
para abajo.
Asimismo
nosotros somos la "materia", del U+343 y nuestros soles, planetas,
sistemas planetarios, galaxias, quasars y todas esas yerbas son sus
núcleos, electrones, átomos,
moléculas, etc.
No se
crea, por lo dicho, que los distintos universos que integran esta creación
tienen igual estructura y organización. Muy por el contrario, son muy
diversos entre sí, y entre los extremos de la cadena no podría encontrarse
punto de comparación alguno.
No
obstante, entre los universos inmediatos, tanto diferencias como
semejanzas permiten descubrir las leyes que los relacionan.
Si
comparamos nuestro U+342 con el U+341 podríamos anotar algunas de sus
características particulares:
Hemos
visto que solo algunas de nuestras estrellas son dobles, triples y hasta
séxtuples, pues bien, en el U+341 todos los soles, los núcleos de nuestros
átomos, son múltiples. El número de partículas que los componen son tantas
y tan variadas que su lista llega fácilmente a las cuarenta, incluyendo en
ella a los mesones, protones, hyperones, neutrones, etc., con toda suerte
de letras griegas como apellido.
Los
planetas de nuestro universo conservan una constante y respetuosa
distancia de sus respectivos soles. En cambio, los planetas del U+341, los
electrones, según nosotros les llamamos, tienen la veleidosa costumbre de
cambiar de órbita acercándose o alejándose de su sol, el núcleo, al
influjo de adecuadas solicitaciones. Los de la última órbita, sobre todo,
se acercan y se alejan can verdadera desaprensión, giran en torno a varios
núcleos a la vez y hasta cambian un núcleo por otro según consideren más
conveniente en las circunstancias de que se trate.
Este
tan poco serio comportamiento da lugar a una variada gama de fenómenos que
el Rey de la Creación ha sabido aprovechar con singular maestría.
Si
comparamos el U+342 con el U+343 podríamos decir, por decir algo, que
sabios hay que sostienen que la dispersión de galaxias de que hablábamos
en 1.7. no sería sino la consecuencia de una explosión atómica producida a
ese nivel. No lo dicen, pero, obviamente, están pensando en sabios o
guerreros, habitantes de nuestro universo superior, capaces de producir
tal explosión atómica.
Les
ha de llamar la atención, sin duda, eso de U+ no sé cuántos. Ocurre que
nuestra creación está compuesta también por universos negativos a los que
llamamos U– lo que sea.
Nuestros
sabios conocen bien las antipartículas a las que han llamado positón,
antimesón, antiprotón, etc., etc. y hay quienes afirman que existe gran
cantidad de antimateria concentrada en el centro de las galaxias y, como
Uds. bien saben, ya Filolao en el Siglo V antes de Cristo y el mismísimo
Aristóteles hablaban de la ''Antitierra''.
La
existencia de materia y universos positivos y negativos es el resultado de
un artificio al que recurrió Dios al encarar la Creación.
Él
sabía que si sacaba todas las cosas de la nada muchos no lo iban a creer.
Dirían que eso era imposible, que de la nada no se puede sacar más que
nada, que en realidad la materia había existido siempre, que era eterna y
que eternamente se transforma... A pesar de aferrarse a muerte a lo
fenomenológico habrían de sostener contra toda evidencia la infinitud del
Universo tanto en el tiempo como en el espacio...
Por
otra parte sacar las cosas de la nada hubiera implicado una verdadera
injusticia: ¡Aprovecharse de la nada para hacerla desaparecer!
Por
eso Dios, que se las sabe todas y es infinitamente justo, no sacó las
cosas de la nada, cosa que pudo haber hecho si se le hubiera dado la gana,
sino que optó por dejar la nada subsistente y trabajarla con su reconocida
habilidad.
Tomó
la nada, la dividió en dos partes iguales, dijo como un
prestidigitador, ¡nada por aquí!, ¡Nada por acá!. A una parte le dio el
signo positivo y a la otra el negativo. Y luego trabajó cada parte
separadamente.
La
fórmula que expresa matemáticamente este genial artificio no puede ser más
simple y exacta:
0 =
+x – x
luego
la elaboración particularizada:
+x =
a + b + c
–x =
d + e + f
y así,
paulatinamente, ..... hasta lo
infinitamente complejo......
1.10 CREACION
Y GENTE
Al
Rey de la Creación le encantó siempre considerarse el Centro del Universo.
Que la Tierra es el centro y todos los astros y planetas giran alrededor
de ella. Que el Sol es el más importante de los astros. Que la galaxia...
que lo que sea... Siempre lo mejor y lo más importante... ¡Oh, qué
desilusión a medida que las cosas se van aclarando...!
En lo
que no cede el hombre ni un cachito es en considerarse a sí mismo rey y
señor de la creación entera. Podrá haber estrellas más grandes y galaxias
más importantes, pero seres inteligentes, eso sí que no. Seres
inteligentes son los hombres y nada más que los hombres, sea la que sea la
dimensión del universo.
¡Pobre
hombre!, ¡No sabe qué desilusión le espera!
Claro
está que hay quienes han vislumbrado la existencia de otros seres
conscientes e inteligentes fuera de nuestro planetita y ello ha dado lugar
a cientos de manifestaciones literarias en la que dichos seres adquieren
la más amplia variedad de formas y condiciones y proceden con igual
variedad de criterios en su conducta.
Desde
el punto de vista físico han sido imaginados en todas las formas posibles:
grandes, chicos, verdes, colorados, con escamas o sin ellas. Uno los hizo
igual a los diablos, con cuernos, cola y alas membranosas de murciélago;
otro, parecidos a lagartos; otro a caracoles. Uno los pensó como grandes
babosas que se pegaban a las espaldas de los terráqueos para explotarlos
miserablemente, concepción por demás antropomórfica... Conocida la
variedad de posibilidades que ofrecen planetas y estrellas en lo que a
temperatura, atmósfera, etc. se refiere han sido imaginados por los
escritores de ciencia–ficción, adaptados a esa casi infinita gama de
condiciones: hombres de hielo, hombres de fuego, hombres que respiran
amoníaco, hombres que viven en ácido sulfúrico, etc., etc.
Es
interesante señalar que estos "seres" de la ciencia–ficción son, en casi
todos los casos, más inteligentes y evolucionados que nosotros y casi
siempre, también, más perversos y sanguinarios. En casi todas las novelas
se incursiona en temas sociales y políticos y puede deducirse de ellas el
pobre concepto que sus autores tienen del Rey de la Creación y de sus
instituciones y lo poco que dan por su futuro.
Pero
esto ocurre exclusivamente con las novelas. Oficialmente, para la ciencia,
la política, la gente seria, sólo existe en el Universo el hombre como ser
consciente e inteligente y es, sin discusión, el Rey de la Creación.
Una
vez, visitando un observatorio astronómico se tocó el tema de los "platos
voladores". Como corresponde, las opiniones fueron variadas, desde algunas
tímidas adhesiones a la idea de que pudieran existir, hasta las más
numerosas, negativas y burlonas.
A
manera de colofón un serio y sesudo astrónomo dijo:
–
Nosotros, los que nos pasamos la vida escudriñando el cielo, jamás hemos
visto con nuestros aparatos ni un solo plato volador...
A mí
se me ocurrió preguntarle, con respeto y timidez, por supuesto:
–
¿Cuántos aviones ha visto Ud. con su telescopio?
No me contestó nada... ¡Pero me
miró con una cara de asco...!
Pero sepan ustedes, y esto va muy en serio, que la verdad
verdadera es que, afortunadamente, existen en la creación inmensa cantidad
de seres conscientes e inteligentes, no sólo en nuestro universo U+342
sino en todos los universos de rango superior e inferior y, desde luego,
en los de signo negativo también. Tal
es la riqueza de la Creación, de esta creación en la que el género humano
ocupa un puntito, un minúsculo puntito tan insignificante que sería
absurda su existencia si no fuera, como me ha sido revelado, tan
importante.
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