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CAPITULO 2 LA
CREACIÓN
2.1 EN EL PRINCIPIO
Cuando uno se pone en presencia del enorme y complejo
universo del que formamos parte no puede menos que tratar de comprender
algo acerca de su origen y de su destino. ¿Cómo empezó todo esto?, ¿Qué sentido tiene?, ¿Para qué
sirve el universo?, ¿A dónde irá a parar? Ubicados aquí en nuestro granito de polvo, los reyes de
la creación nos preguntamos mirando el cielo: ¿Qué significa este universo
nuestro tan absurdamente inmenso, y volviendo la mirada a la arena de
la playa nos preguntamos de nuevo: ¿Qué sentido tiene la absurda pequeñez
del átomo?, e intuyendo, por fin, que no seremos capaces de entender nada
si no arrancamos del más lejano pasado los secretos del origen de todo,
preguntamos ansiosos a sabios y poetas. 2.2 . LA
OPINIÓN DE LOS HOMBRES SABIOS
Los hombres sabios se han hecho preguntas y han
aventurado respuestas. Las preguntas han surgido de la observación del
universo, las respuestas, de su interpretación de lo observado. Se ha observado, por ejemplo, que el universo está en
expansión y es necesario explicar por qué. Todo empezó, dice un abate belga, hace unos cuarenta mil
millones de años. Existía entonces un átomo primitivo en el que se
concentraba toda la materia del universo en forma de neutrones
extraordinariamente apretados. Dicho átomo tenía, pues, una densidad inimaginable,
pesaba miles de millones de toneladas y estaba a una temperatura de miles
de millones de grados,... (no sé si centígrados o Farenheit...) Por entonces este átomo
debió estallar y su materia se dispersó en una nube esférica con un radio
de mil millones de años luz. La densidad que adquirió la nube de materia, resultó
favorable para la formación de las galaxias que tomaron de ella su
sustancia. Primero se formaron las nubes correspondientes a conjuntos de
galaxias, y a continuación se fueron condensando las galaxias aisladas
partiendo de las primitivas nubes. Claro que no es suficiente explicar cómo nacieron las
galaxias y por qué el universo está en expansión. También es necesario
decir cómo y cuándo se formaron los distintos elementos. Un físico ruso, naturalizado luego ciudadano
norteamericano, concurrió en ayuda del buen abate belga para explicar
cómo, del primitivo átomo superdenso, se obtuvieron todos los elementos
que componen el universo. Según este sabio, que, dicho sea de paso, tiene fama de
humorista, cinco minutos después de que se produjo la explosión, la
temperatura del átomo bajó de los varios miles de millones de grados a
unos solos mil millones, y su tamaño original no mayor que el de una
bolita, pasó a ser el de una pelota de fútbol, N° 5. Ese universo se
componía únicamente de protones, neutrones y electrones. Doce minutos después nacían el hidrógeno y el helio y
desaparecían los electrones libres. Pocos minutos más y hacían su
aparición el oxígeno, el fósforo, el calcio, el hierro, etc., etc. La temperatura siguió descendiendo para que pudieran
formarse nuevos elementos, en tanto que la expansión continuaba. Fluctuaciones en la temperatura y agrupaciones
circunstanciales de la materia que acababa de formarse dieron lugar a
nubes, éstas a galaxias, como decía el abate, y de allí las estrellas, los
planetas y todo eso. Otro sabio, un físico francés, príncipe él, inventor de
una teoría de no sé que ondas y corpúsculos, se muestra más propenso a
sostener, no que el universo ha nacido de un único átomo primitivo que
explota y se expande, sino que, por el contrario, se origina al día
siguiente de algún divino "Fíat Lux", dice, precisamente en la luz, que
primero, sola ella en el mundo, engendró, poco a poco, por condensaciones
progresivas, el Universo material tal como, gracias a ella, hoy podemos
contemplarlo. Otros sabios sostienen que el universo siempre ha
existido y siempre existirá, por lo que carece totalmente de interés
discutir su origen. En realidad, afirman, jamás ha existido otra cosa que
el universo. Claro que como no pueden desconocer el problema de la
expansión tienen que aceptar, o que la materia del universo se hace cada
vez menos densa, o que algo de materia se está agregando en forma continua
al universo. Algunos optan por esta última hipótesis y sostienen que
continuamente se están creando átomos de hidrógeno. Un científico inglés,
partidario de esta última hipótesis piensa que en realidad no existe una
creación, es decir un "acto creador", sino infinitas creaciones, una por
cada átomo de hidrógeno que se incorpora al universo. Pero, entiéndase
bien, no se trata de una transformación de la materia producida mediante
algún procesó estelar como ocurre con el Helio, por ejemplo, que se forma
por fusión de átomos de Hidrógeno en las estrellas del tipo del Sol, no,
se trata de una creación de la nada, "ex nihilo", como diría un filósofo,
de reales y verdaderos átomos de Hidrógeno Y hasta están contados: un
átomo por kilómetro cúbico de universo y por año. Como puede verse,
los hombres sabios no se han puesto de acuerdo aún. Los pequeños
botones de muestra que he presentado no agotan ni de lejos la discusión. A
las teorías cosmológicas relativistas se oponen las teorías cosmológicas
estacionarias. A los modelos de universo en evolución se oponen los
modelos invariables. A la creación continua, la oscilación perpetua entre
energía y materia y entre energía con poca materia y materia más
antimateria con poca energía A un universo esférico de densidad uniforme y
velocidad nula sucede un universo en expansión de densidad nula, y, así,
todo lo que ustedes quieran. Y si a las opiniones de los sabios físicos agregamos las
de los sabios filósofos, bueno... puede pasar cualquier cosa...
Encontrarán Uds. quien les diga que el Universo no
existe, que es una mera apariencia y que la multiplicación de los seres no
es más que una ilusión. Otros le dirán que el Universo existe, si, ¡Claro que
existe! pero que no le ven la gracia al problema. Existe, sí... ¿Y
qué?... También habrá quien les diga que existir es estar de
más, y que si el universo existe, el universo está de más, o, poco más o
menos que el universo es innecesario y no sirve para nada. Surgirá entonces quien les diga que el universo es
necesario por que es el Ser mismo. Quien que el Universo es el único Ser,
es decir que el Universo es Dios y habrá por fin quienes sostengan que el
Universo no es el Unico Ser, y que no es autosuficiente, que existe
diferencia entre el Universo y el Ser Absoluto de quien aquel
depende. Dejemos
pues a los hombres sabios y consultemos a los poetas. 2.3
LA
OPINIÓN DE LOS POETAS
Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra
estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo, pero el
espíritu de Dios se cernía sobre las superficies de las aguas. Dijo Dios:
"Haya luz" y hubo luz... Así comienza el poeta bíblico su descripción
sobre el origen del universo. No puede decirse que la idea sea muy original. A casi
todos los poetas que abordaron el tema, allá por las antigüedades, se les
ocurrió poco más o menos lo mismo sobre el abismo, las tinieblas y el
caos. Sobre la confusión que había en la tierra en los
orígenes es muy aleccionadora la opinión del poeta babilónico: En un
tiempo todo era tinieblas y agua, allí animales monstruosos nacían por sí
mismos. Los hombres tenían miembros de animales y la confusión y el
desorden reinaban por doquier. Una mujer, Thalath o Atar, lo presidía todo
y todo lo dirigía con el señalado acierto, hasta que sobrevino Bel, cortó
en dos partes a la mujer y con una parte hizo el cielo y con la otra la
tierra. Para los Asirios, ese abismo ilimitado y tenebroso se
llamaba Apsú y fue él quien engendró el cielo superior y la tierra
inferior. También para el poeta egipcio solo existía en el
principio el abismo Nu: el océano primordial e ilimitado en el que
flotaban en tropel las semillas de las cosas. Desde años eternos, Dios se
engendró y parió a sí mismo en el seno de esa masa líquida y su acción se
extendió sobre el caos primitivo, convocó al Sol y formó la tierra
separándola de las aguas. El poeta fenicio señala en el origen la presencia de un
aire tenebroso y turbulento que proviene de un pantano pestilente,
caluroso e ilimitado: el caos sin riberas que engendra a Mot, también
llamado Limo, mezcla acuosa y corrupta de la que provienen las semillas y
los seres. En China los poetas concibieron los orígenes del
universo a partir del caos y las tinieblas. Pankú, surgió del caos y puso
orden en el mundo y, luego de su muerte, se formaron a partir de sus
miembros, las distintas partes del cielo y de la tierra. Para la cosmogonía bramánica al principio solo existía
una cosa obscura no producida antes, desordenada e ilimitada. Entonces
Svayan Bur, el Ser imperceptible existente por sí, para hacer perceptible
este mundo se mostró resplandeciente y arrojo las tinieblas. La mitología escandinava reconoce la existencia de dos
mundos separados por el abismo: El Muspelheim, que era el reino de la luz
y del calor y el Niflheim, reino del frío y las tinieblas. Todo comienza
cuando Surtur con el calor ardiente de Muspelheim derrite el hielo de
Niflheim. Entonces, de las gotas de agua del hielo derretido, surge una
raza de gigantes. El primero de ellos y padre de los demás es Imir, de
cuyo cuerpo y sangre se formó la tierra y el agua de los océanos. Podríamos seguir buscando y rebuscando en las viejas
cosmogonías mitológicas y encontraríamos miles de sugerencias, ideas
sutiles, fantasías maravillosas: tantas formas de tratar de explicar lo
inexplicable, de intentar decir a los demás eso que se intuye, eso que uno
quisiera comunicar a los demás pero no sabe cómo. La tarea sería entretenida y gratificante, pero poco
aportaría para el logro del objetivo que nos hemos fijado. Bástenos con lo
que hemos visto para sacar algunas conclusiones y aventurar un camino por
el que seguir adelante. Una
conclusión desconcertante es la de que los poetas mitológicos son mucho
más coherentes que los hombres de ciencia y los filósofos. Casi todos
le han encontrado la vuelta a la cosa más o menos por el mismo lado: abismo
primordial, caos y tinieblas para empezar; luego un ser sobrenatural que
por un acto voluntario vence al caos y disipa las tinieblas. De ese acto
han de surgir luego, con variado proceso, el cielo, la tierra, las cosas
y los hombres. Hay en ellos más de cuatro ideas comunes: además de surgir
el universo del acto creador voluntario del ser sobrenatural, surge así
como era conocido por el narrador, a lo más, un proceso, tan sobrenatural
como el acto creador mismo, va configurando las cosas, y éstas, además,
no surgen de la nada, siempre suponen la preexistencia de una masa caótica
de la que es tomada su substancia 2.4 LO QUE OCURRIÓ
Desde luego la opinión de los poetas tampoco me convence
mucho. Son demasiado fantasiosos... casi tanto como los hombres sabios,
aunque menos, desde luego, que los filósofos. Además, al igual que los
hombres de ciencia y los filósofos, dicen muy poco acerca del por qué y
del para qué del Universo que es lo que estamos tratando de
averiguar. Se ve que alguno de ellos tiene alguna idea que quiere
expresar con eso del abismo o de la luz, pero la verdad es que no resultan
claros. Yo también tengo una idea, que no es mía sino que me ha
sido revelada, y siguiendo un poco el camino de los poetas voy a tratar de
trasmitirla a ustedes. Claro
que no voy a echar mano como hizo el poeta bíblico a viejas leyendas sumerias,
ni me voy a apoyar en el paisaje y en el clima nórdico como el poeta escandinavo.
Voy a usar hechos y cosas de ahora que yo conozco y que ustedes conocen,
a ver si nos entendemos. 2.5 LA CREACIÓN
El aire fresco y estimulante de la tarde está perfumado
con el aroma de mil variadas flores que se extienden por los prados más
allá de donde pueda alcanzar la vista. El Jardín del Cielo, con su armonía ingenua pero
magnífica, tiene la gracia de los paseos japoneses, la exquisita
especulación de un Le Notre o de un Burle Marx y la aparente espontaneidad
de los parques ingleses. Nada puede concebirse más bello, nada más
tranquilo y amable, nada que tenga como él la frescura y la naturalidad de
lo increado. Sentados bajo una pérgola tachonada de jazmines y
perfumada con madreselvas, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo,
han suspendido su conversación y callan un instante ensimismados. – ¡Qué hermosa tarde! ... – suspira Dios Hijo rompiendo
el silencio; su vista recorre lentamente el jardín y se pierde en el
horizonte. – Si, – dice Dios Padre – es muy hermosa... – La verdad es que acá se está muy bien – observa Dios
Espíritu Santo, nadie podría desear más... – Esto es perfecto – comenta Dios Padre – no puede haber
lugar más hermoso ni compañía más grata... ¡Hijo querido! ¡Qué contento me
pone estar con vos...! – Padre – contesta Dios Hijo emocionado ante el halago
paterno – Yo soy tu propio reflejo, si tengo perfecciones son las tuyas
propias y nada me puede hacer más feliz que estar contigo y
agradarte. – A mí también me gusta mucho esto – dice Dios Espíritu
Santo saltando de las manos de Dios Padre para posarse en el hombro de
Dios Hijo y volver de allí a Dios Padre entre cuyas manos se vuelve a
refugiar mimoso... – me encanta el jardín, me divierte volar entre los
árboles, me emborracha el perfume de las flores, pero más que todo eso me
gusta estar así, entre ustedes, gozando de esta paz y esta armonía
perfectas... Un silencio abstraído sigue a estas palabras, silencio
que rompe Dios Padre al decir con cierto aire de resolución: – Quisiera que fuéramos más los que gozáramos de todo
esto... – No somos tan pocos – comenta Dios Hijo – ¡Bien que la
pasan los ángeles! – Sí, es
cierto – dice Dios Padre, y con un dejo ansioso agrega – Pero esto da
para más... ¡Esto da para mucho más! ... – Luego, en voz baja, reflexiona,
como hablando consigo mismo – cuando estaban todos era otra cosa...
pero... Porqué habrá hecho esa macana!? ... Si lo tenía todo...! – piensa
en voz baja, casi suspirando... La cara de Dios Hijo se ensombrece. Recuerda el episodio
de Luzbel, el ángel más hermoso. Recuerda su soberbia, su rebeldía...
Recuerda cuando el Arcángel Miguel, Gerente General de Seguridad desde el
incidente, tuvo que movilizar sus fuerzas para echarlo del Cielo. ¿Porqué fue todo eso? ... Trata de recordar... y de
repente siente confusamente que todo esto ya ha pasado antes. Se da
cuenta que sabe, un poco borroso todavía, lo que va a decir ahora Dios
Padre... Intuye, siente o sabe..., es difícil decirlo, qué ha de ocurrir
enseguida... y no puede evitar un estremecimiento... – ¡Padre! – exclama – ¡No vamos a empezar de nuevo! – Sí, Hijo, vamos a crear nuevas criaturas para que
puedan venir aquí– – ¿Los vamos a crear libres? – pregunta en tono de
duda. – Sí, libres y a nuestra imagen y semejanza – responde
decidido Dios Padre. – Pero va a pasar lo mismo que con Luzbel. – No, esta vez no, vamos a darles una mejor
oportunidad... tendrán materia. – ¿Materia? ... ¿Qué es eso? – Es una cosa nueva que he pensado... Ya vas a ver...
ese elemento les resultará una carga al principio, pero les permitirá
ganar su lugar aquí con mucho menos riesgo que los ángeles. – Pero esa cosa nueva... esa carga... parece una
limitación... – Sí, será una limitación, pero no mucho. Será una
limitación limitada. – ¡Padre!, esto parece un juego de palabras... una
limitación limitada, ¡Materia!, ¡Limitación!...¡Hablemos en serio...! – Estoy hablando en serio: la materia estará limitada
por el tiempo... – ¡Tiempo! ¡Otra! ... ¿Y eso, qué es? – Otra cosa que pensé... algo con que implementar mi
paciencia... Dejá que te explique: Serán a la vez espíritu y materia. El
espíritu será libre y la materia le estará sometida. La materia limitará
la libertad del espíritu pues éste sólo podrá informarse y decidir por
intermedio de ella; pero nosotros le daremos el tiempo y mientras dure el
tiempo que a cada uno le corresponda los ubicaremos de tal manera que las
exigencias de la materia puedan fácilmente satisfacerse en tanto que
informaremos su espíritu con todo lo necesario para que sean colaboradores
nuestros y puedan ganarse así, de pleno derecho y sin mucho esfuerzo, su
lugar en el Cielo... ¿No te parece bien? ... – Sí, me parece bien,... pero le veo poca gracia... eso
no es ser libres. – ¡Sí! ... van a ser libres, porque les pondremos una
obligación, una sola será suficiente, para que puedan optar por sí o por
no y de esa manera tendrán oportunidad de ejercer libremente su
voluntad. – Pero es fácil suponer que si son libres de hacer o no
hacer algo, muchos van a dejar de cumplir la obligación y... entonces
... – Bueno, lo haremos más fácil... una pequeña
restricción... una pavada cualquiera... a algunos les prohibiremos que
suban a una montaña a la que no tengan ninguna necesidad de subir... a
otros que no coman la fruta de algún árbol que no sirva para nada... a
otros que no mantengan comunicación con las criaturas de otro ámbito con
el que sea difícil e inútil comunicarse... prohibiciones así... – Pero Padre, ¡Esas restricciones son un chiste! – ¡Sí, son un chiste! ... sin embargo... – agrega en voz
baja mirando de soslayo a Dios Hijo. – Padre – dice alarmado Dios Hijo – y si, a pesar de ser
las restricciones tan tontas, algunos las violaran con plena conciencia y
deliberada voluntad, automáticamente se rompería su comunión con nosotros
y también su relación armónica con los demás seres, y hasta entre ellos
mismos! ... Lo que yo digo... ¡Les pasaría lo que a Luzbel! – No, Hijo mío, ¡No! , para eso está el tiempo y la
materia. El tiempo, si todo sale de acuerdo al plan, les servirá para
ejercer su voluntad libremente mientras les dure, y ganarse de pleno
derecho y de acuerdo con las reglas del juego su lugar aquí, y, si alguno
violara la restricción, permitirá evitar que la crisis sea automática. En
cuanto a la materia, la vamos a organizar de tal manera que unos y otros,
los que cumplan con el plan y los que hipotéticamente pudieran violarlo,
puedan descubrir en ella, a través del tiempo, el cómo, el porqué y él
para qué de su propia existencia... para ello les daremos todo el tiempo
que sea necesario... – ¡Qué Plan magnífico! – exclama Dios Espíritu Santo
saltando de las manos de Dios Padre a las de Dios Hijo. – Pero – insiste dubitativo Dios Hijo – si alguno de
esos seres libres, así creados, violara voluntariamente el orden
establecido sobrevendría el caos... ¡Cómo podríamos evitarlo! ... Las
consecuencias de un acto hostil libre y deliberadamente cometido: esa
desarmonía del hombre con la naturaleza, con los demás hombres... Eso no
lo van a arreglar por sí solos ni la materia ni el tiempo... – ¡Bueno! – comenta un poco impaciente Dios Espíritu
Santo – ¿quién va a violar restricciones tan insignificantes...? ...Sobre
todo sabiendo de qué se trata... – Sí, todo eso está muy lindo – interrumpe Dios Hijo –
pero a mí me preocupa el caso, por muy hipotético que parezca, de que uno
de esos seres se nos oponga... –piensa un rato callado y luego agrega –
aunque... bueno, no importa...
de cualquier manera, si algo pasara ya encontraríamos la forma de
solucionarlo. El Plan es tan maravilloso que no hay por qué ponerles
peros... – se queda un momento pensativo y muy decidido agrega: – ¡Vamos,
Padre!, hagamos tu voluntad. – y luego, para sí mismo – Yo ya sé qué tengo
que hacer... La tibia tarde va dejando lugar a una serena noche...
Dios Padre, seguido por Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, se dirigen al
interior de la casa. Los tres comentan con entusiasmo el Plan de Dios
Padre repasando los diversos detalles de su puesta en marcha. – Cuando estos seres vengan aquí y desborden de
felicidad esto va a ser verdaderamente hermoso – dice Dios Padre, a quien
no parece preocuparle más que la finalidad del Plan, como si todo lo demás
ya estuviera resuelto. – ¡Va a ser magnífico! – dice Dios Hijo y agrega con el
tono entre dudoso y decidido de quien ve todavía alguna dificultad pero
está dispuesto a superarla –cuenta conmigo para todo. – Vamos a establecer sistemas de control de gestión...
un servicio de comunicaciones... otro de vigilancia y disciplina... otro
de información... Tenemos que crear gerencias de programación, de
estadística y evaluación... – dice Dios Espíritu Santo, haciendo gala de
sus dotes de previsión y eficacia, y se adelanta, volando, para penetrar
en la casa. Dios Padre y Dios Hijo continúan caminando lentamente
por el jardín rumbo a la cercana casa. Cuando llegan sale a recibirlos Dios Espíritu Santo,
quien con enigmática voz, le invita a pasar. – Pasen, pasen... vengan por aquí... Con una sonrisa de complicidad, Miguel, Gabriel y Rafael
y otros ángeles esperan la reacción de Dios Padre y de Dios Hijo. En un amplio salón, destinado hasta entonces a salón de
billares, luce un insólito equipo. – ¿Qué es esto? – pregunta Dios Padre. – La cómputo–creadora – contesta Dios Espíritu Santo con
una sonrisa de satisfacción – sólo falta programarla y ponerla en
marcha. – ¿Lo
hacemos? – pregunta Dios Hijo invitando entusiasmado. – ¡Hagámoslo! – responde resueltamente Dios Padre, y
dirigiéndose a los ángeles dispone – Vamos a crear primero el
espacio–tiempo, programen la cómputo–creadora. Miguel y sus compañeros se ponen de inmediato en la
tarea. Unos manipulan unos cables, otros reteclean febrilmente en
complicados tableros, unas tarjetas perforadas con infinidad de diminutos
rectangulitos pasan de unas máquinas a otras o se amontonan en columnas
que crecen vertiginosamente, unas cintas interminables se enroscan en
carretes y unos discos plateados giran como trompos a velocidad
increíble. Terminados todos estos preparativos se dirigen a la
Santísima Trinidad: – Ya está todo preparado. – Vamos a la sala de control – invita Dios Espíritu
Santo – es por aquí. En el saloncito de estar, donde tantas veces se han
reunido a charlar un rato se ve, frente al ventanal que da al jardín, un
complicado panel con pantallas como de televisión, cuadrantes de diversas
formas y tamaños, botoneras, "ojos de buey" de distintos colores y todas
esas cosas. – Este es el tablero de control – dice Dios Espíritu
Santo. Dios Padre se acerca al tablero, pasa la mano frente a
un pequeño disco de cristal facetado y de inmediato una vibración de
agujas y el parpadeo de algunas luces indica que el equipo se ha puesto en
funcionamiento. Un silencio de tensa expectativa llena el salón. Dios
Hijo y desde su hombro donde está posado, Dios Espíritu Santo, observan
atentos. Dios Padre, por un telespiquer que comunica con el
equipo central ordena: – ¡Atención!, listos para la operación... Tiempo
absoluto cero... comience el conteo! ... Por el telespiquer se escucha... Diez... nueve...
ocho... Dios Padre piensa – tres... dos... uno... ¡Cero! – Un prender y
apagarse de luces, unas agujas que cambian de posición en los cuadrantes y
la voz del telespiquer que informa – ¡Ya! Espacio-tiempo. Expansión
controlada, tiempo absoluto cero... Dios Padre se dirige nuevamente al telespiquer y
ordena: – ¡Atención! listos para la operación "Materia”...
¡Comience el conteo...! Por el telespiquer se vuelve a escuchar: Diez...
nueve... ocho... Dios Padre piensa... – seis... cinco... – en un momento
se le oye murmurar en voz baja – ¡Hágase la luz! ... Dos... uno...
¡cero!... – ¡La luz se ha hecho! ... informa el telespiquer,
mientras que nuevos instrumentos entran en funcionamiento. Dios Padre, luego de una rápida mirada al tablero de
control lo apaga con el mismo gesto con que lo puso en funcionamiento y al
mismo tiempo que se sienta en uno de los sillones dice: – ¡Se ve que esto es bueno! No ha acabado de decirlo cuando entran agitados varios
ángeles – Señor – dice uno de ellos – ¡No se ha hecho más que la luz! ...
¿Y la materia? ... ¿y su organización...?...¿y todo eso de que se había
hablado...? – ¡Vamos, muchachos!
... les contesta entre bondadoso y socarrón Dios Padre... – ¡todo está previsto!...
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