Revelación Apócrifa

   

por el Arq. Luis Alberto Vernieri López

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CAPITULO 2

LA CREACIÓN

2.1         EN EL PRINCIPIO

Cuando uno se pone en presencia del enorme y complejo universo del que formamos parte no puede menos que tratar de comprender algo acerca de su origen y de su destino.

¿Cómo empezó todo esto?, ¿Qué sentido tiene?, ¿Para qué sirve el universo?, ¿A dónde irá a parar?

Ubicados aquí en nuestro granito de polvo, los reyes de la creación nos preguntamos mirando el cielo: ¿Qué significa este universo nuestro tan absurdamente inmenso, y volviendo la mirada a la arena de la playa nos preguntamos de nuevo: ¿Qué sentido tiene la absurda pequeñez del átomo?, e intuyendo, por fin, que no seremos capaces de entender nada si no arrancamos del más lejano pasado los secretos del origen de todo, preguntamos ansiosos a sabios y poetas.


2.2 .      LA OPINIÓN DE LOS HOMBRES SABIOS

Los hombres sabios se han hecho preguntas y han aventurado respuestas. Las preguntas han surgido de la observación del universo, las respuestas, de su interpretación de lo observado.

Se ha observado, por ejemplo, que el universo está en expansión y es necesario explicar por qué.

Todo empezó, dice un abate belga, hace unos cuarenta mil millones de años. Existía entonces un átomo primitivo en el que se concentraba toda la materia del universo en forma de neutrones extraordinariamente apretados.

Dicho átomo tenía, pues, una densidad inimaginable, pesaba miles de millones de toneladas y estaba a una temperatura de miles de millones de grados,... (no sé si centígrados o Farenheit...)

 Por entonces este átomo debió estallar y su materia se dispersó en una nube esférica con un radio de mil millones de años luz.

La densidad que adquirió la nube de materia, resultó favorable para la formación de las galaxias que tomaron de ella su sustancia. Primero se formaron las nubes correspondientes a conjuntos de galaxias, y a continuación se fueron condensando las galaxias aisladas partiendo de las primitivas nubes.

Claro que no es suficiente explicar cómo nacieron las galaxias y por qué el universo está en expansión. También es necesario decir cómo y cuándo se formaron los distintos elementos.

Un físico ruso, naturalizado luego ciudadano norteamericano, concurrió en ayuda del buen abate belga para explicar cómo, del primitivo átomo superdenso, se obtuvieron todos los elementos que componen el universo.

Según este sabio, que, dicho sea de paso, tiene fama de humorista, cinco minutos después de que se produjo la explosión, la temperatura del átomo bajó de los varios miles de millones de grados a unos solos mil millones, y su tamaño original no mayor que el de una bolita, pasó a ser el de una pelota de fútbol, N° 5. Ese universo se componía únicamente de protones, neutrones y electrones.

Doce minutos después nacían el hidrógeno y el helio y desaparecían los electrones libres. Pocos minutos más y hacían su aparición el oxígeno, el fósforo, el calcio, el hierro, etc., etc.

La temperatura siguió descendiendo para que pudieran formarse nuevos elementos, en tanto que la expansión continuaba.

Fluctuaciones en la temperatura y agrupaciones circunstanciales de la materia que acababa de formarse dieron lugar a nubes, éstas a galaxias, como decía el abate, y de allí las estrellas, los planetas y todo eso.

Otro sabio, un físico francés, príncipe él, inventor de una teoría de no sé que ondas y corpúsculos, se muestra más propenso a sostener, no que el universo ha nacido de un único átomo primitivo que explota y se expande, sino que, por el contrario, se origina al día siguiente de algún divino "Fíat Lux", dice, precisamente en la luz, que primero, sola ella en el mundo, engendró, poco a poco, por condensaciones progresivas, el Universo material tal como, gracias a ella, hoy podemos contemplarlo.

Otros sabios sostienen que el universo siempre ha existido y siempre existirá, por lo que carece totalmente de interés discutir su origen. En realidad, afirman, jamás ha existido otra cosa que el universo. Claro que como no pueden desconocer el problema de la expansión tienen que aceptar, o que la materia del universo se hace cada vez menos densa, o que algo de materia se está agregando en forma continua al universo. Algunos optan por esta última hipótesis y sostienen que continuamente se están creando átomos de hidrógeno. Un científico inglés, partidario de esta última hipótesis piensa que en realidad no existe una creación, es decir un "acto creador", sino infinitas creaciones, una por cada átomo de hidrógeno que se incorpora al universo. Pero, entiéndase bien, no se trata de una transformación de la materia producida mediante algún procesó estelar como ocurre con el Helio, por ejemplo, que se forma por fusión de átomos de Hidrógeno en las estrellas del tipo del Sol, no, se trata de una creación de la nada, "ex nihilo", como diría un filósofo, de reales y verdaderos átomos de Hidrógeno Y hasta están contados: un átomo por kilómetro cúbico de universo y por año.

Como puede verse,  los hombres sabios no se han puesto de acuerdo aún. Los pequeños botones de muestra que he presentado no agotan ni de lejos la discusión. A las teorías cosmológicas relativistas se oponen las teorías cosmológicas estacionarias. A los modelos de universo en evolución se oponen los modelos invariables. A la creación continua, la oscilación perpetua entre energía y materia y entre energía con poca materia y materia más antimateria con poca energía A un universo esférico de densidad uniforme y velocidad nula sucede un universo en expansión de densidad nula, y, así, todo lo que ustedes quieran.

Y si a las opiniones de los sabios físicos agregamos las de los sabios filósofos, bueno... puede pasar cualquier cosa...

Encontrarán Uds. quien les diga que el Universo no existe, que es una mera apariencia y que la multiplicación de los seres no es más que una ilusión.

Otros le dirán que el Universo existe, si, ¡Claro que existe! pero que no le ven la gracia al problema. Existe, sí... ¿Y qué?...

También habrá quien les diga que existir es estar de más, y que si el universo existe, el universo está de más, o, poco más o menos que el universo es innecesario y no sirve para nada.

Surgirá entonces quien les diga que el universo es necesario por que es el Ser mismo. Quien que el Universo es el único Ser, es decir que el Universo es Dios y habrá por fin quienes sostengan que el Universo no es el Unico Ser, y que no es autosuficiente, que existe diferencia entre el Universo y el Ser Absoluto de quien aquel depende.

Dejemos pues a los hombres sabios y consultemos a los poetas.


2.3         LA OPINIÓN DE LOS POETAS

Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre las superficies de las aguas. Dijo Dios: "Haya luz" y hubo luz... Así comienza el poeta bíblico su descripción sobre el origen del universo.

No puede decirse que la idea sea muy original. A casi todos los poetas que abordaron el tema, allá por las antigüedades, se les ocurrió poco más o menos lo mismo sobre el abismo, las tinieblas y el caos.

Sobre la confusión que había en la tierra en los orígenes es muy aleccionadora la opinión del poeta babilónico: En un tiempo todo era tinieblas y agua, allí animales monstruosos nacían por sí mismos. Los hombres tenían miembros de animales y la confusión y el desorden reinaban por doquier. Una mujer, Thalath o Atar, lo presidía todo y todo lo dirigía con el señalado acierto, hasta que sobrevino Bel, cortó en dos partes a la mujer y con una parte hizo el cielo y con la otra la tierra.

Para los Asirios, ese abismo ilimitado y tenebroso se llamaba Apsú y fue él quien engendró el cielo superior y la tierra inferior.

También para el poeta egipcio solo existía en el principio el abismo Nu: el océano primordial e ilimitado en el que flotaban en tropel las semillas de las cosas. Desde años eternos, Dios se engendró y parió a sí mismo en el seno de esa masa líquida y su acción se extendió sobre el caos primitivo, convocó al Sol y formó la tierra separándola de las aguas.

El poeta fenicio señala en el origen la presencia de un aire tenebroso y turbulento que proviene de un pantano pestilente, caluroso e ilimitado: el caos sin riberas que engendra a Mot, también llamado Limo, mezcla acuosa y corrupta de la que provienen las semillas y los seres.

En China los poetas concibieron los orígenes del universo a partir del caos y las tinieblas. Pankú, surgió del caos y puso orden en el mundo y, luego de su muerte, se formaron a partir de sus miembros, las distintas partes del cielo y de la tierra.

Para la cosmogonía bramánica al principio solo existía una cosa obscura no producida antes, desordenada e ilimitada. Entonces Svayan Bur, el Ser imperceptible existente por sí, para hacer perceptible este mundo se mostró resplandeciente y arrojo las tinieblas.

La mitología escandinava reconoce la existencia de dos mundos separados por el abismo: El Muspelheim, que era el reino de la luz y del calor y el Niflheim, reino del frío y las tinieblas. Todo comienza cuando Surtur con el calor ardiente de Muspelheim derrite el hielo de Niflheim. Entonces, de las gotas de agua del hielo derretido, surge una raza de gigantes. El primero de ellos y padre de los demás es Imir, de cuyo cuerpo y sangre se formó la tierra y el agua de los océanos.

Podríamos seguir buscando y rebuscando en las viejas cosmogonías mitológicas y encontraríamos miles de sugerencias, ideas sutiles, fantasías maravillosas: tantas formas de tratar de explicar lo inexplicable, de intentar decir a los demás eso que se intuye, eso que uno quisiera comunicar a los demás pero no sabe cómo.

La tarea sería entretenida y gratificante, pero poco aportaría para el logro del objetivo que nos hemos fijado. Bástenos con lo que hemos visto para sacar algunas conclusiones y aventurar un camino por el que seguir adelante.

Una conclusión desconcertante es la de que los poetas mitológicos son mucho más coherentes que los hombres de ciencia y los filósofos. Casi todos le han encontrado la vuelta a la cosa más o menos por el mismo lado: abismo primordial, caos y tinieblas para empezar; luego un ser sobrenatural que por un acto voluntario vence al caos y disipa las tinieblas. De ese acto han de surgir luego, con variado proceso, el cielo, la tierra, las cosas y los hombres. Hay en ellos más de cuatro ideas comunes: además de surgir el universo del acto creador voluntario del ser sobrenatural, surge así como era conocido por el narrador, a lo más, un proceso, tan sobrenatural como el acto creador mismo, va configurando las cosas, y éstas, además, no surgen de la nada, siempre suponen la preexistencia de una masa caótica de la que es tomada su substancia


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2.4         LO QUE OCURRIÓ

Desde luego la opinión de los poetas tampoco me convence mucho. Son demasiado fantasiosos... casi tanto como los hombres sabios, aunque menos, desde luego, que los filósofos. Además, al igual que los hombres de ciencia y los filósofos, dicen muy poco acerca del por qué y del para qué del Universo que es lo que estamos tratando de averiguar.

Se ve que alguno de ellos tiene alguna idea que quiere expresar con eso del abismo o de la luz, pero la verdad es que no resultan claros.

Yo también tengo una idea, que no es mía sino que me ha sido revelada, y siguiendo un poco el camino de los poetas voy a tratar de trasmitirla a ustedes.

Claro que no voy a echar mano como hizo el poeta bíblico a viejas leyendas sumerias, ni me voy a apoyar en el paisaje y en el clima nórdico como el poeta escandinavo. Voy a usar hechos y cosas de ahora que yo conozco y que ustedes conocen, a ver si nos entendemos.

2.5         LA CREACIÓN

El aire fresco y estimulante de la tarde está perfumado con el aroma de mil variadas flores que se extienden por los prados más allá de donde pueda alcanzar la vista.

El Jardín del Cielo, con su armonía ingenua pero magnífica, tiene la gracia de los paseos japoneses, la exquisita especulación de un Le Notre o de un Burle Marx y la aparente espontaneidad de los parques ingleses. Nada puede concebirse más bello, nada más tranquilo y amable, nada que tenga como él la frescura y la naturalidad de lo increado.

Sentados bajo una pérgola tachonada de jazmines y perfumada con madreselvas, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, han suspendido su conversación y callan un instante ensimismados.

– ¡Qué hermosa tarde! ... – suspira Dios Hijo rompiendo el silencio; su vista recorre lentamente el jardín y se pierde en el horizonte.

– Si, – dice Dios Padre – es muy hermosa...

– La verdad es que acá se está muy bien – observa Dios Espíritu Santo, nadie podría desear más...

– Esto es perfecto – comenta Dios Padre – no puede haber lugar más hermoso ni compañía más grata... ¡Hijo querido! ¡Qué contento me pone estar con vos...!

– Padre – contesta Dios Hijo emocionado ante el halago paterno – Yo soy tu propio reflejo, si tengo perfecciones son las tuyas propias y nada me puede hacer más feliz que estar contigo y agradarte.

– A mí también me gusta mucho esto – dice Dios Espíritu Santo saltando de las manos de Dios Padre para posarse en el hombro de Dios Hijo y volver de allí a Dios Padre entre cuyas manos se vuelve a refugiar mimoso... – me encanta el jardín, me divierte volar entre los árboles, me emborracha el perfume de las flores, pero más que todo eso me gusta estar así, entre ustedes, gozando de esta paz y esta armonía perfectas...

Un silencio abstraído sigue a estas palabras, silencio que rompe Dios Padre al decir con cierto aire de resolución:

– Quisiera que fuéramos más los que gozáramos de todo esto...

– No somos tan pocos – comenta Dios Hijo – ¡Bien que la pasan los ángeles!

– Sí, es cierto – dice Dios Padre, y con un dejo ansioso agrega – Pe­ro esto da para más... ¡Esto da para mucho más! ... – Luego, en voz baja, reflexiona, como hablando consigo mismo – cuando estaban todos era otra cosa... pero... Porqué habrá hecho esa macana!? ... Si lo tenía todo...! – piensa en voz baja, casi suspirando...

La cara de Dios Hijo se ensombrece. Recuerda el episodio de Luzbel, el ángel más hermoso. Recuerda su soberbia, su rebeldía... Recuerda cuando el Arcángel Miguel, Gerente General de Seguridad desde el incidente, tuvo que movilizar sus fuerzas para echarlo del Cielo.

¿Porqué fue todo eso? ... Trata de recordar... y de repente siente con­fusamente que todo esto ya ha pasado antes. Se da cuenta que sabe, un poco borroso todavía, lo que va a decir ahora Dios Padre... Intuye, siente o sabe..., es difícil decirlo, qué ha de ocurrir enseguida... y no puede evitar un estremecimiento...

– ¡Padre! – exclama – ¡No vamos a empezar de nuevo!

– Sí, Hijo, vamos a crear nuevas criaturas para que puedan venir aquí–

– ¿Los vamos a crear libres? – pregunta en tono de duda.

– Sí, libres y a nuestra imagen y semejanza – responde decidido Dios Padre.

– Pero va a pasar lo mismo que con Luzbel.

– No, esta vez no, vamos a darles una mejor oportunidad... tendrán materia.

– ¿Materia? ... ¿Qué es eso?

– Es una cosa nueva que he pensado... Ya vas a ver... ese elemento les resultará una carga al principio, pero les permitirá ganar su lugar aquí con mucho menos riesgo que los ángeles.

– Pero esa cosa nueva... esa carga... parece una limitación...

– Sí, será una limitación, pero no mucho. Será una limitación limitada.

– ¡Padre!, esto parece un juego de palabras... una limitación limitada, ¡Materia!, ¡Limitación!...¡Hablemos en serio...!

– Estoy hablando en serio: la materia estará limitada por el tiempo...

– ¡Tiempo! ¡Otra! ... ¿Y eso, qué es?

– Otra cosa que pensé... algo con que implementar mi paciencia... Dejá que te explique: Serán a la vez espíritu y materia. El espíritu será libre y la materia le estará sometida. La materia limitará la libertad del espíritu pues éste sólo podrá informarse y decidir por intermedio de ella; pero nosotros le daremos el tiempo y mientras dure el tiempo que a cada uno le corresponda los ubicaremos de tal manera que las exigencias de la materia puedan fácilmente satisfacerse en tanto que informaremos su espíritu con todo lo necesario para que sean colaboradores nuestros y puedan ganarse así, de pleno derecho y sin mucho esfuerzo, su lugar en el Cielo... ¿No te parece bien? ...

– Sí, me parece bien,... pero le veo poca gracia... eso no es ser libres.

– ¡Sí! ... van a ser libres, porque les pondremos una obligación, una sola será suficiente, para que puedan optar por sí o por no y de esa manera tendrán oportunidad de ejercer libremente su voluntad.

– Pero es fácil suponer que si son libres de hacer o no hacer algo, muchos van a dejar de cumplir la obligación y... entonces ...

– Bueno, lo haremos más fácil... una pequeña restricción... una pavada cualquiera... a algunos les prohibiremos que suban a una montaña a la que no tengan ninguna necesidad de subir... a otros que no coman la fruta de algún árbol que no sirva para nada... a otros que no mantengan comunicación con las criaturas de otro ámbito con el que sea difícil e inútil comunicarse... prohibiciones así...

– Pero Padre, ¡Esas restricciones son un chiste!

– ¡Sí, son un chiste! ... sin embargo... – agrega en voz baja mirando de soslayo a Dios Hijo.

– Padre – dice alarmado Dios Hijo – y si, a pesar de ser las restricciones tan tontas, algunos las violaran con plena conciencia y deliberada voluntad, automáticamente se rompería su comunión con nosotros y también su relación armónica con los demás seres, y hasta entre ellos mismos! ... Lo que yo digo... ¡Les pasaría lo que a Luzbel!

– No, Hijo mío, ¡No! , para eso está el tiempo y la materia. El tiempo, si todo sale de acuerdo al plan, les servirá para ejercer su voluntad libremente mientras les dure, y ganarse de pleno derecho y de acuerdo con las reglas del juego su lugar aquí, y, si alguno violara la restricción, permitirá evitar que la crisis sea automática. En cuanto a la materia, la vamos a organizar de tal manera que unos y otros, los que cumplan con el plan y los que hipotéticamente pudieran violarlo, puedan descubrir en ella, a través del tiempo, el cómo, el porqué y él para qué de su propia existencia... para ello les daremos todo el tiempo que sea necesario...

– ¡Qué Plan magnífico! – exclama Dios Espíritu Santo saltando de las manos de Dios Padre a las de Dios Hijo.

– Pero – insiste dubitativo Dios Hijo – si alguno de esos seres libres, así creados, violara voluntariamente el orden establecido sobrevendría el caos... ¡Cómo podríamos evitarlo! ... Las consecuencias de un acto hostil libre y deliberadamente cometido: esa desarmonía del hombre con la naturaleza, con los demás hombres... Eso no lo van a arreglar por sí solos ni la materia ni el tiempo...

– ¡Bueno! – comenta un poco impaciente Dios Espíritu Santo – ¿quién va a violar restricciones tan insignificantes...? ...Sobre todo sabiendo de qué se trata...

– Sí, todo eso está muy lindo – interrumpe Dios Hijo – pero a mí me preocupa el caso, por muy hipotético que parezca, de que uno de esos seres se nos oponga... –piensa un rato callado y luego agrega – aunque... bueno, no importa...   de cualquier manera, si algo pasara ya encontraríamos la forma de solucionarlo. El Plan es tan maravilloso que no hay por qué ponerles peros... – se queda un momento pensativo y muy decidido agrega: – ¡Vamos, Padre!, hagamos tu voluntad. – y luego, para sí mismo – Yo ya sé qué tengo que hacer...

La tibia tarde va dejando lugar a una serena noche... Dios Padre, seguido por Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, se dirigen al interior de la casa. Los tres comentan con entusiasmo el Plan de Dios Padre repasando los diversos detalles de su puesta en marcha.

– Cuando estos seres vengan aquí y desborden de felicidad esto va a ser verdaderamente hermoso – dice Dios Padre, a quien no parece preocuparle más que la finalidad del Plan, como si todo lo demás ya estuviera resuelto.

– ¡Va a ser magnífico! – dice Dios Hijo y agrega con el tono entre dudoso y decidido de quien ve todavía alguna dificultad pero está dispuesto a superarla –cuenta conmigo para todo.

– Vamos a establecer sistemas de control de gestión... un servicio de comunicaciones... otro de vigilancia y disciplina... otro de información... Tenemos que crear gerencias de programación, de estadística y evaluación... – dice Dios Espíritu Santo, haciendo gala de sus dotes de previsión y eficacia, y se adelanta, volando, para penetrar en la casa.

Dios Padre y Dios Hijo continúan caminando lentamente por el jardín rumbo a la cercana casa.

Cuando llegan sale a recibirlos Dios Espíritu Santo, quien con enigmática voz, le invita a pasar.

– Pasen, pasen... vengan por aquí...

Con una sonrisa de complicidad, Miguel, Gabriel y Rafael y otros ángeles esperan la reacción de Dios Padre y de Dios Hijo.

En un amplio salón, destinado hasta entonces a salón de billares, luce un insólito equipo.

– ¿Qué es esto? – pregunta Dios Padre.

– La cómputo–creadora – contesta Dios Espíritu Santo con una sonrisa de satisfacción – sólo falta programarla y ponerla en marcha.

– ¿Lo  hacemos? – pregunta Dios Hijo invitando entusiasmado.

– ¡Hagámoslo! – responde resueltamente Dios Padre, y dirigiéndose a los ángeles dispone – Vamos a crear primero el espacio–tiempo, programen la cómputo–creadora.

Miguel y sus compañeros se ponen de inmediato en la tarea. Unos manipulan unos cables, otros reteclean febrilmente en complicados tableros, unas tarjetas perforadas con infinidad de diminutos rectangulitos pasan de unas máquinas a otras o se amontonan en columnas que crecen vertiginosamente, unas cintas interminables se enroscan en carretes y unos discos plateados giran como trompos a velocidad increíble.

Terminados todos estos preparativos se dirigen a la Santísima Trinidad:

– Ya está todo preparado.

– Vamos a la sala de control – invita Dios Espíritu Santo – es por aquí.

En el saloncito de estar, donde tantas veces se han reunido a charlar un rato se ve, frente al ventanal que da al jardín, un complicado panel con pantallas como de televisión, cuadrantes de diversas formas y tamaños, botoneras, "ojos de buey" de distintos colores y todas esas cosas.

– Este es el tablero de control – dice Dios Espíritu Santo.

Dios Padre se acerca al tablero, pasa la mano frente a un pequeño disco de cristal facetado y de inmediato una vibración de agujas y el parpadeo de algunas luces indica que el equipo se ha puesto en funcionamiento.

Un silencio de tensa expectativa llena el salón. Dios Hijo y desde su hombro donde está posado, Dios Espíritu Santo, observan atentos.

Dios Padre, por un telespiquer que comunica con el equipo central ordena:

– ¡Atención!, listos para la operación... Tiempo absoluto cero... comience el conteo! ...

Por el telespiquer se escucha... Diez... nueve... ocho... Dios Padre piensa – tres... dos... uno... ¡Cero! – Un prender y apagarse de luces, unas agujas que cambian de posición en los cuadrantes y la voz del telespiquer que informa – ¡Ya! Espacio-tiempo. Expansión controlada, tiempo absoluto cero...

Dios Padre se dirige nuevamente al telespiquer y ordena:

– ¡Atención! listos para la operación "Materia”... ¡Comience el conteo...!

Por el telespiquer se vuelve a escuchar: Diez... nueve... ocho... Dios Padre piensa... – seis... cinco... – en un momento se le oye murmurar en voz baja – ¡Hágase la luz! ... Dos... uno... ¡cero!...

– ¡La luz se ha hecho! ... informa el telespiquer, mientras que nuevos instrumentos entran en funcionamiento.

Dios Padre, luego de una rápida mirada al tablero de control lo apaga con el mismo gesto con que lo puso en funcionamiento y al mismo tiempo que se sienta en uno de los sillones dice:

– ¡Se ve que esto es bueno!

No ha acabado de decirlo cuando entran agitados varios ángeles – Señor – dice uno de ellos – ¡No se ha hecho más que la luz! ... ¿Y la materia? ... ¿y su organización...?...¿y todo eso de que se había hablado...?

 – ¡Vamos, muchachos! ... les contesta entre bondadoso y socarrón Dios Padre... –   ¡todo está previsto!...

 

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