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CAPITULO 5 PECADO Y REDENCIÓN 5.1 .. LA REDENCIÓN En el
saloncito de estar próximo al que otrora fuera salón de billares se
encuentran en grata conversación las tres personas de la Santísima
Trinidad. Por
un amplio ventanal que ocupa toda una pared de la habitación penetra una
suave y estimulante luz. En otra pared, con sus pantallas de televisión,
sus variados cuadrantes y botoneras, el gran panel de control de la
cómputo–creadora muestra un inexpresivo aspecto de reposo. Dios
Padre, hombre mayor de barba entrecana, y Dios Hijo un muchacho flaco de
poco más de treinta años, sentados en sendos "barcelonas" conversan
mientras saborean un gin–tonic perfumado con unas gotitas de angostura, la
bebida predilecta de Dios Padre, mientras que Dios Espíritu Santo, la
palomita, revolotea posándose en uno u otro, al tiempo que interviene en
la conversación con sus atinadas observaciones. Entra
en el saloncito Gabriel, el Gerente General de Comunicaciones, y se dirige
a Dios Padre: –Señor –¿Qué?
Hijo –Ha
ocurrido algo muy serio, Señor –¿Qué? –Un
pecado, Señor –
¡¿Qué?! –Un
pecado –¡No! –Sí,
Señor –No
puede ser, ¿Dónde? ... ¿¡Quién!? –Hemos
detectado la interferencia en el Universo U+342. Interpusimos el
equilibrador provisorio pero necesitamos de sus providencias. –Pero,
¿cómo pudo ser eso? –Parece
que Lucifer... –¡Cuándo
no! Bueno, localicen inmediatamente el pecado... ¡Exijo precisión 1! ...
Que vengan Miguel, Rafael y los demás gerentes. –Sí,
Señor – dice Gabriel saliendo. Dios
Padre se dirige al tablero de control, en tanto Dios Hijo corre las
cortinas del ventanal dejando al pequeño salón en una semipenumbra. Dios
Espíritu Santo, apichonado, mueve la cabeza con expresión de pena sobre
los hombros de Dios Hijo. A un
gesto de Dios Padre, el inexpresivo panel cobra vida. Varias imágenes
aparecen en las pantallas y las agujas ocupan significativos lugares en
sus respectivos cuadrantes. Luces de distintos colores se prenden y se
apagan y una de ellas, roja, que ocupa un lugar poco destacado en el
tablero, parpadea vivamente, al tiempo que un intermitente zumbido llama
con insistencia la atención. Dios
Padre se dirige al telespiquer y apretando un botón pregunta: –¿Y
esas coordenadas? – Las
estamos buscando, Señor – contesta la voz preocupada de Gabriel. –¡Rápido!,
que ese equilibrador provisorio no puede durar una eternidad! –Ya
lo vamos logrando, Señor... Verificado: es en el Universo U+342 es en una
Galaxia... La 1681... Se llama Vía Láctea... es una estrella... la N°
14.223... una estrella llamada Sol... estamos tratando de localizar el
planeta... –¡Rápido!
– urge Dios Padre al tiempo que girando unos diales logra en una de las
pantallas la imagen de un firmamento estrellado. –¡Rápido!,
¿Qué Planeta? –...
Es el tercero,... Sí, el tercero – responde Gabriel con cierta expresión
de satisfacción ante la precisión lograda – ¡El tercero!, La Tierra. –¡Vamos!
– vuelve a urgir Dios Padre – ¡El tiempo! –Sí,
Señor... ¡El tiempo! ... se le oye decir a Gabriel con la expresión de
autorreproche de quien recuerda algo que tenía totalmente olvidado. En
otra de las pantallas del tablero se empiezan a suceder una serie de
imágenes inverosímiles: Gente que se pelea a palos, Una brutal explosión
atómica sobre una ciudad llena de personas indefensas. Criaturas que se
mueren de hambre. Grupos de hombres arrastrando piedras enormes y otros
que los castigan a latigazos. El interior de un parlamento donde cien
hombres vociferan y se amenazan con grandes gestos. Gentes famélicas. Una
escena de guerra, con tanques, aviones y todo eso. Un galeote cayendo
exhausto sobre su remo. Un Jefe de Estado asesinado tras un complot
inicuo. Una mujer retorciéndose entre los dolores de parto. Un puñal que
se clava por la espalda. Varias mujeres quemadas vivas en una
hoguera... –¡Qué
horror! – Dice Dios Hijo –
¡¡Ese tiempo!! ... Ese tiempo!! – Urge Dios Padre. –Ya,
Señor – se escucha por el telespiquer. Las
imágenes se suceden vertiginosas e inconexas llenando de espantos la
pantalla. – Ya
lo tenemos – se escucha decir a Gabriel, quien da enseguida los valores
pedidos. Dios
Padre pasa la mano frente al pequeño disco de cristal facetado y el
tablero vuelve a su inexpresiva mudez. –¿¡Viste
eso!? – pregunta retóricamente. Dios
Hijo no contesta, cabizbajo recorre en su mente las imágenes que acaba de
ver. –¡Qué
racas! dice Dios Padre... –¡Padre!
– exclama Dios Hijo mientras Dios Espíritu Santo pega un respingo y
revolotea hasta la moldura del cielorraso. –No
son mis hermanos – corrige Dios Padre – ¡Son mis hijos! – al tiempo que
entran Gabriel, Miguel y los demás gerentes. –¿Cómo
fue eso? – pregunta Dios Padre. –Tenemos
toda la información. Precisión 1, verificado – dice Gabriel con cierto
dejo de orgullo que merece una mirada entre comprensiva y de suave
reproche de Dios Padre – Fue no más en la Tierra, el tercer planeta del
sistema Solar... –Si,
claro... – dice Dios Padre como si, de repente, comenzara a recordarlo
todo... Sí, ya sé... ¡Ese Adán! –Hemos
tomados las medidas de emergencia establecidas en el Operativo P.1., –
dice Miguel cuadrándose. –Bien
– contesta Dios Padre – esperen aquí – y luego, como a Él mismo, pregunta
– ¿Qué hacemos? ... –Padre...
si tú quieres... – dice indeciso Dios Hijo. –¿Crees
que podrías...? –Si
tu me ayudas... –Claro...
pero no te va a ser tan fácil! –Me
imagino... – contesta pensativo... – ¡Pero esa pobre gente! –Y ¿Cómo lo haríamos? –pregunta
dubitativo Dios Padre. –Hay una sola manera contesta Dios
Hijo – Me hago uno de ellos y te pido perdón por todos. –Si,
claro... pero... necesitarás una madre... ¿Quién podrá ser? ... tiene que
ser sin mancha... y no hay ninguna... –
podemos crearla. – Sí.
Podemos... pero vos... ¿estás decidido? ... te vas a tener que arreglar
solo... – Si,
padre, estoy decidido, puedes contar conmigo. A
Dios Padre se le ilumina la cara y se le escapa entre dientes un... "...
jo'e tigre!" –
Bueno Gabriel, ¡Rápido! ... ¡Atrás con el tiempo! Tiempo absoluto menos
uno... ¡Vamos a crearla a Ella...! –
¡Señor! – se estremece Gabriel – la cómputo–creadora no está programada
para eso... –
¡Pues, a programarla! ¡Canejo! – Dice Dios Padre, ya impaciente – Si,
Señor – y salen corriendo Gabriel, Miguel y los demás gerentes a cumplir
la orden paterna. –
Bien... y luego... – pregunta Dios Padre. – Lo
demás lo hago yo – dice Dios Espíritu Santo con decisión y ya pasado el
primer momento de desconcierto. –
Tiempo absoluto menos uno logrado – se oye a una voz por el
telespiquer. –
Entonces... Ya... Atentos a la orden... Comience el conteo... –Dice Dios
Padre al tiempo que pone en funcionamiento el tablero. Se
oye un silbido característico que crece en altura e intensidad al tiempo
que el telespiquer dice: Diez... nueve... ocho..., Dios Padre piensa, su
ceño se frunce en un gesto de esfuerzo, cinco... cuatro... el gesto se
hace más duro y concentrado... uno... cero! Un parpadeo provocado por una
fuerte caída de tensión hace temblar el tablero del que sale ahora un
tufillo a cables recalentados. – Ya
está... Tiempo normal – ordena Dios Padre... – Gabriel, Miguel, todos...
vuelvan acá. Una
inefable expresión de satisfacción invade su rostro, su mirada se pierde
un momento en lo infinito como extasiado en algo y una suave sonrisa
ilumina un instante su rostro –
¿Vos crees que querrá? – pregunta Dios Hijo. – Sí,
creo que sí... Habrá que preguntárselo. –¿Quién
irá? ... Tiene que ser alguien responsable... –
Puedo ir yo, Señor – dice Gabriel que ha entrado en silencio junto con los
demás gerentes. –
Bueno, ¿Y sabés que tenés que decirle? –
Y... sí ... – contesta como arrepentido de su osadía. –
Pero – se interpone Miguel – ¿Es necesario todo esto? ... Señor, Usted
sabe... esa gente... yo estuve allí, quizás no valga la pena... U+342,
G–1618, E–14223, P–3 ¡Bah! – repite las coordenadas despectivamente –¡Si
los viera! ... –
¿Qué dices, hijo? – pregunta Dios Padre. – Yo
voy – contesta decidido. –
¡Bueno!, no hay más que hablar. ¿Estás listo, Gabriel? – Sí,
Señor. – ¿Y
vos? – pregunta dirigiéndose a Dios Espíritu Santo. – Yo
también. –
¡Bien!, manos a la obra. Salen
del salón Dios Hijo, Dios Espíritu Santo y los Gerentes. Dios Padre se
queda solo, pensativo. El tablero, apagado, aún corrida la cortina que
deja el salón en la penumbra, y sobre la mesa, a medio beber, el vaso de
gin–tonic con sus gotitas de amargo de angostura. ¿Cuánto
tiempo ha estado solo Dios Padre? ... vaya uno a saber... Entra
Dios Espíritu Santo, se pone sobre el hombro de Dios Padre y le dice: – Ya
está. Todo salió bien. –
¿Qué tal estuvo Gabriel? –
Sabe su oficio. – ¿Y
ella...? –
.... ¡Es un amor! ... – contesta Dios Espíritu Santo con admiración, y
ambos se quedan en silencio repasando en sus mentes todo lo ocurrido. ¿Cuánto
tiempo han estado así? ¡Vaya uno a saber! De
repente alguien descorre la cortina y la luz entra a raudales en la
habitación. Dios
Padre se da vuelta extrañado y lo ve a Dios Hijo junto a la ventana. –
¡Qué! ¿Ya está? – pregunta. – Sí,
ya está. – ¿Y
cómo te fue? – Me
dieron con todo... –
Y... ¿Lo aguantaste bien? –
Como aguantar... lo aguanté – contesta Dios Hijo con un
estremecimiento. – ¿Y
lo demás? –
Bueno... también anda... Ya están aquí Moisés y Ellas, estuve con ellos en
el Monte Tabor, los demás ya vienen para acá. Bueno... me vuelvo allí,
tengo que dejarles instrucciones... – y dirigiéndose a Dios Espíritu Santo
agrega – ¡Vas a tener que ir vos también... ¡si no...! – Sí,
me imagino – contesta éste. Vuelve
a salir Dios Hijo. Dios
Padre se dirige al tablero y lo enciende. Mueve unos diales y aparecen en
la pantalla desusadas escenas. Movimiento extraordinario se nota en todos
los departamentos: un nuevo contingente de seres desconocidos en el Cielo,
llega por un camino no usado hasta entonces. Dios
Padre sonríe: –
Esto se está poniendo lindo de nuevo – dice. Entra
Dios Hijo con cara de satisfacción. –
Bueno, todo está en orden. Les dejé instrucciones detalladas... ¡Y por
cuadruplicado! ... Hice un arreglo para estar permanentemente con ellos y
para que no les falte ayuda instituí siete canales de apoyo... –
¿Siete? – interrumpe Dios Espíritu Santo – ¿Serán bastantes? – Sí,
si los usan bien, sí... Y lo dejé a Pedro a cargo de todo. – ¡A
Pedro! – exclama con cara de duda Dios Padre – después que te... – Sí,
a Pedro – lo interrumpe decidido Dios Hijo antes que continúe y agrega
benevolente – es un buen tipo. Dios
Espíritu Santo se prepara para salir y dice: –
Ahora me toca a mí. –
Ahora les toca a ellos – agrega Dios Padre – no les va a ser nada
fácil. – No,
– dice Dios Hijo – les va a ser muy duro. Vamos a tener que ayudarles
mucho. –––––––––––– En la
Sala de Gerentes, comentan Gabriel y Rafael: – Sol
III, ¡menudo choclo! –
¡Qué tipos esos! ¡Y
de la que se salvaron... ¡ 5.2
.. LA
CAÍDA El
"affaire" Sol III ya ha pasado pero los comentarios siguen aún. Está en el
ambiente que el asunto ha de traer cola. – ¿Se
puede saber por fin cómo empezó este bodrio de Sol III? – pregunta Miguel
que acaba de sumarse a la reunión. – Se
dice que Adán comió una fruta de un árbol prohibido. – Sí,
y que la que se la dio fue su mujer, Eva. –
También se chimenta que cuando Dios Padre le preguntó qué pasaba Adán le
echó la culpa a Eva, lo que le dio una bronca bárbara... – Sí,
pero por eso no se iba a armar tremendo despiporre... –
Bueno... la cosa no es tan simple como todo eso. Lo que ocurrió es que
Adán se pasó de vivo, quiso cortarse solo y rompió relaciones con Dios
Padre. –
¡Cómo! ... ¡No! ... ¡Ni loco que estuviera! – Sin
embargo fue así, no más... Mirá, te voy a explicar. Dios Padre hizo todas
las cosas, después lo hizo a Adán y le dio una compañera a su medida. Les
regaló todas las cosas de la Tierra y le dijo a Adán: Viejo, aquí tenés
todo esto, todo es bueno y funciona bien, métanle vos y tu mujer, tengan
muchos hijos, usen y aprovechen lo que hay, mándense las combinaciones que
se les ocurran, que entre todos vamos a hacer unas cosas macanudas. Como
que podía hacer lo que quisiera y para que tuviera oportunidad de optar y
ejercer así su libertad, le puso la condición del arbolito ese. Adán
al principio agarró viaje y todo andaba al pelo... pero Eva...! ¡Ya sabés
como son las mujeres! Parece
que el malvado de Lucifer, que seguirá con su entripado eternamente, se
escondió en una serpiente y le empezó a decir a Eva por qué no comía, que
eran macanas eso de que iban a morir, que si comía la fruta esa se iba a
enterar de todos los chimentos, que iba a poder decidir qué estaba bien y
qué estaba mal y que con eso, al fin de cuentas, sería como el mismo
Dios. Eva
picó y comió y en eso apareció Adán y Eva le dijo: –
Mirá, Negro, lo que comí... – Adán pegó un salto, pero Eva siguió: – Comé
vos también, Negro, es rica, viste, si comés de esto lo vas a saber todo,
lo que está bien y lo que está mal, y vas a poder decidir por tu cuenta lo
que quieras sin preguntar a nadie. Vas a ser como un ejecutivo
¿Viste? A
Adán se le puso a trabajar la croqueta y empezó: – Si morfo esto voy a
saberlo todo, voy a hacer lo que quiera, como un ejecutivo, ¡Bárbaro,
viejo! Total, el Viejo me lo dio todo y me dijo que hiciera lo que
quisiera... Y después me salió con la gansada esa. ¡A mí que me importa!
... Yo soy libre... y artífice de mi propio destino, como dicen en la
Tele... Yo hago lo que quiero... A la final ¡Qué se me frega a mí de
Dios! Y
comió. ¡Pobre tipo! No había terminado de comer cuando empezó a saberlo
todo. Del susto que se pegó no sabía dónde meterse. Se dieron cuenta de
que estaban desnudos y Eva empezó con eso de que... ''No tengo nada que
ponerme..." Adán la quiso arreglar con unas hojas de parra pero ella le
dijo que quería un tapado de piel... Él le acomodó una piel de camello y
ella empezó que le chingaba, que con esa joroba quedaba hecha una facha,
que lo que quería era un tapado de visón. Adán le dijo que los visones
eran muy chiquitos y Eva le contestó que matara los que hicieran falta...
que matara muchos... ¡que los matara a todos! ... que él que se creía y se
puso a llorar. Y así empezó un bodrio que dura hasta hoy. El
pobre Dios Padre miraba todo eso con una pena que daba lástima, y, para
colmo, cuando le pregunta a Adán qué pasaba éste empezó con eso de
que: Esa
que me diste de compañera me la dio. Y
ella: –
¡Ah! Yo no tengo la culpa, a mí me engañó la serpiente... ¿Qué
querés que hiciera? : Les advirtió sobre las consecuencias trágicas de su
taradez, les hizo un tapado de piel a cada uno y los sacó del Paraíso para
que no comieran el fruto del árbol de la vida porque, ¡imaginate!, ¡mirá
si llegan a vivir eternamente! ... – A
mí me tocó sacarlos – acotó Miguel – ¡les vieran las caras...! –
¡Así que así fue la cosa! ¡Ahora me explico! – comentó otro de los
circunstantes – Pero por suerte ya está todo arreglado... –
Bueno... yo no diría tanto... –
¿Cómo?, no fueron a Sol III Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y todo
eso...? – Sí,
pero Dios Padre, que desde que los sacó del Paraíso no duerme tranquilo,
ha estado estudiando la cosa y sabe bien que, en definitiva cada hombre es
un Adán, y dice que hay que recuperarlos sea como sea, pero que como los
hizo libres les va a defender la libertad pese a quien pese y caiga quien
caiga y que... ¡Bueno! ... que ahora el asunto es con cada hombre en
particular. – No
entiendo... – Yo
tampoco entiendo gran cosa... ¿¡qué querés!? ... pero el asunto es que
cada hombre, libremente y con la información que tenga tiene que tomar su
propia decisión. –
Bueno, así, con los cerebritos que tienen los cosos esos, te das cuenta lo
que van a decidir. De hecho, todo eso de la Redención va a resultar un
fiasco. –
¡Ahí tenés!, ¡Ese es el choclo! ... y en eso andamos ahora. Parece que
Dios Espíritu Santo, que se las piensa todas, inventó algo para arreglar
la cosa, luego nos tenemos que reunir para tratar el asunto. –
¡Ah!, ¡Era para eso!, Bueno, nos vemos allí... –
¡Nos vemos! – dijo Miguel imitando la tonada mexicana. – ¡Nos
vemos! – contestó Gabriel, exagerándola. 5.3
.. LA
COMP - SAL - PRO 7G - 981 En el
salón grande del Departamento de Cómputos se ha realizado una importante
reunión presidida por Dios Padre. En
ella, Dios Espíritu Santo ha explicado los alcances de su nueva creación:
la Cómputo–Salvadora–Providencial, y se han analizado sus posibilidades y
formas de aplicación. Dios
Padre, levantando la reunión ha dicho: –
Muchachos, estudien esto a fondo, sáquenle todo el partido posible, que no
es poco, por que mi voluntad es que todos los hombres, ¡todos!, se salven.
Pero... ¡atenti! ... ¡La libertad es sagrada! Dios
Hijo, sentado en su sitio a la derecha del padre, piensa con la cabeza
baja. En su cara quedan aún las huellas de su paso por la Tierra, ¡parece
que no fueran a borrarse nunca!, está recordando esa charla que tuvo con
sus discípulos la última vez que cenó con ellos. Piensa en los pedidos que
le hizo a Dios Padre en aquella oportunidad y que Juan transcribiera tan
bien. Piensa en el que se ha de perder, "el hijo de la perdición" le llamó
entonces... y su cara se ensombrece. –––––––––––– Los
Gerentes comentan con Dios Espíritu Santo las etapas del proceso a
iniciarse. El nuevo artefacto inventado es realmente ingenioso. Se trata
de crear para cada hombre las condiciones óptimas para su salvación. De
acuerdo con la voluntad de Dios Padre cada hombre debe elegir libremente
su destino. Pero, ¿cómo hacer para que elijan bien sin violentar su
libertad? La Comp–Sal–Pro llevará en forma permanente toda la información
sobre los hechos y circunstancias que influyan en cada hombre y propondrá
en cada momento su aplicación más conveniente. –
Como ven – dice Dios Espíritu Santo, continuando su explicación es una
especie de diálogo continuo. La Comp–Sal–Pro le propone a cada hombre unas
determinadas circunstancias, desde luego estas circunstancias son ajenas a
la voluntad del hombre de que se trate y él no asume ninguna
responsabilidad por ellas. El hombre, frente a las circunstancias
propuestas, actúa libremente incorporando hechos que las modifican. Ahí
sí, ahí es responsable por lo que haya decidido. La Comp–Sal–Pro recibe la
respuesta y plantea nuevas circunstancias ante las que nuestro hombre,
nuevamente, tendrá que responder libremente. –¡Ya!
– dice Miguel – parece muy ingenioso, pero yo no le veo la gracia. –
¡Ah!, ¡Pichón! – dice Dios Espíritu Santo, usando un vocativo que le es
muy caro – la gracia está en que la Comp–Sal–Pro ha sido programada para
que en cada caso proponga las circunstancias más favorables a la salvación
del hombre. –
Solo un tronco recalcitrante puede condenarse – dice Rafael. – ¡Ni
un tronco! – acota Gabriel. – No
crean – comenta Dios Espíritu Santo – el hombre es muy retorcido, desde
que se le metió en la cabeza que podía ser como Dios, no entiende nada de
nada, y lo peor es que cada uno se cree que Dios es él y entonces, claro.
lo sabe todo, lo puede todo, todo le es debido... Es capaz de hacer las
cosas más absurdas con una tranquilidad que le ponen a uno las plumas de
punta... –
Decime – pregunta Miguel a Gabriel en un aparte – pero ¿No estaba todo
arreglado con la ida de Dios Hijo a Sol III? –
¡Vos sí que sos tronco, mi general! ... Vení que te explico: El asunto sí
está arreglado: Dios Hijo lo arregló. Lo arregló para toda la humanidad,
para todos los hombres de todos los tiempos, pero cada hombre en
particular lo tiene que arreglar para él mismo y para los demás
aprovechando los recursos que le dejó Dios Hijo. – No
entiendo. –
Mirá, te voy a poner un ejemplo: Imaginate que hay una empresa en
bancarrota. Tiene cientos de acreedores y ni un solo centavo. Entonces,
viene un amigo de los dueños, un tipo macanudo con mucha plata, y deposita
en el banco todo el dinero necesario, les da la libreta de cheques a los
dueños de la empresa y les dice: Aquí tienen, paguen las deudas y empiecen
de nuevo. Claro, los tipos tienen que arreglar las cuentas, librar los
cheques y todo eso. Si lo hacen bien la empresa se salva, pero si empiezan
a pelearse entre ellos: que ésta no la pago... que pagala vos que te
ensartaste... que no, que el lío lo hiciste vos... en fin... el dinero se
queda en el banco, las cuentas no se saldan, y la empresa quiebra lo
mismo. A ver si me entendés: La empresa es la humanidad, Dios Hijo es el
tipo macanudo que puso la plata en el banco, los hombres son los dueños de
la empresa que tienen que completar la tarea de Dios Hijo librando los
cheques. Sin el dinero en el banco los cheques no valen nada. Sin los
cheques el dinero se queda en el banco y no aprovecha a la empresa... por
eso hay que facilitarles las cosas a los hombres: para que se decidan a
librar cheques de una vez... ¿Entendiste? –
Ahora sí. – Te
estás 'humanizando" mucho, soldadito, si te hablan de guita entendés
enseguida. –––––––––––– Dios
Espíritu Santo, Rafael y los otros gerentes y subgerentes han seguido
analizando el sistema. –
Señor – pregunta uno de los subgerentes – Ud. cree que con el solo manejo
de las circunstancias será suficiente para inducir a los hombres al
cumplimiento de la voluntad del Padre. – Sí,
creo que sí, el asunto está en cuáles sean tales circunstancias. Creo que
en algunos casos el asunto se va a poner peliagudo, vamos a tener que
permitir circunstancias nada agradables. –
¿Como por ejemplo...? –
Como por ejemplo el S.I.D.A.... –
¿Qué es el S.I.D.A.? – Una
enfermedad terrible, capaz de bajarle el copete al más soberbio. A veces
se producirá en el mismo tipo al que hay que salvar, otras en un familiar
o amigo y le servirá como llamado a la realidad, en fin... La cosa no será
fácil: debe darse un juego de interrelaciones, de influencias mutuas, de
tal manera que los hechos que influyan sobre una persona lo hagan, también
favorablemente, en las que le rodean. No es nada fácil, pero para eso
tenemos la Comp–Sal–Pro. –
Quiere decir, por ejemplo, que una circunstancia cualquiera, un terremoto,
la caída de un avión ¿debe ejercer una influencia favorable sobre todos
los que afecte? – Si,
exactamente, todos deben resultar favorablemente influenciados, aunque
ellos en un primer momento no se den cuenta de ello, hasta en el momento
de la muerte, por supuesto. La Comp–Sal–Pro nos garantizará que el tiempo
de cada hombre dure exactamente hasta el momento más conveniente. – Es
decir: que cada hombre ha de morir en el momento más favorable de su
existencia, – Tal
cual, en el momento más favorable para él y para los demás, en el momento
en que su salvación resulte asegurada y además mejor influya sobre los
demás, aunque todos tengan que vigilar por que no han de saber el día ni
la hora. – Se
explica entonces porqué unos viven mucho y otros poco. – Se
explica por eso y por la necesidad de influencias mutuas que les decía: La
vida de un viejito bueno, con su salvación asegurada puede ser necesaria
para influir sobre otro viejito, o jovencito, no tan bueno. Entendámoslo:
se trata de lograr un equilibrio universal sin limitaciones ni en el
tiempo ni en el espacio. las variables son prácticamente infinitas, nada
puede ser desperdiciado: el llanto de un niño, un trueno en la tormenta,
el vuelo de una golondrina, una frase que alguien dijo hace mucho, los
colores de un letrero luminoso, ¡Hasta el pelo que caiga de la cabeza de
un pelado! ... Debemos aprovecharnos de todo. Nos aprovecharemos de la
fortaleza de los fuertes y de la debilidad de los débiles, más aun, de la
debilidad de los fuertes y sobre todo de la fortaleza de los débiles.
¡Todo!, todo debe ser utilizado para inducir al hombre a que acepte al
Padre. Todo lo lindo y bueno que tiene el mundo, todo lo malo y feo, lo
que guste y lo que no guste, aunque duela, aunque nos duela a nosotros
mismos, ¡todo!, porque la voluntad del Padre es que todos se salven,
¡Todos, saben! ¡Todos! y hemos de hacer lo posible y lo imposible por que
todos quieran salvarse. Recursos técnicos no nos faltan, ¿no? Dios
Hijo, con la cara ensombrecida por un oculto dolor, sigue pensando, allí
sentado en su silla de la cabecera de la que no se ha movido, Piensa:
Todos, sí. Todos menos uno: ese que no va a querer salvarse. 5.4
.. ENERGÍA
PARA LA MÁQUINA Dios
Padre no está aun satisfecho de como marchan las cosas, así que vuelve a
replantearlo todo en una nueva reunión del "staff". – La
idea general ha sido bien comprendida – dice a sus atentos interlocutores
– pero falta aun definir algunos detalles. Temo que si no precisamos bien
las cosas puede desvirtuarse la finalidad general, Vean un poco: no es
cuestión de que nosotros lo hagamos todo. Es indispensable que los hombres
participen en la cosa y hagan que el sistema camine. –
Pero Señor – dice Miguel, siempre desconfiando de los hombres – ¿Cómo va a
poder esa gente entender esta tecnología? –
Desde luego – concede Dios Padre – no es cuestión de que asuman la
tecnología, vamos a hacer la cosa más fácil. Vamos a dejarles el control
de la energía, eso bastará. –
¿Energía?! ¿De dónde van a sacar ellos la energía? – Se
la voy a dar yo... –
¿Y? – ...
pero ellos deberán administrarla. Si la controlan bien la máquina andará
bien... si no... veremos. La cosa va a ser así: Yo voy a poner a
disposición de los hombres, de cada hombre, toda la energía que quieran,
se la voy a dar en la medida que la pidan o se la ganen por reinversión,
he fijado un interés del ciento por uno... – Me
parece que el Viejo – dice Gabriel a Rafael en un aparte – tampoco en esto
puede con el genio. – ...
Toda vez que la apliquen en la Tierra se acreditará aquí un valor igual
para la alimentación de la máquina. Todo bien que se haga, todo sacrificio
por los demás, todo gesto de comprensión y tolerancia, toda palabra
amable, toda sonrisa o buen deseo tendrá su equivalente en energía y
contribuirá al funcionamiento del sistema. –
Además – continúa Dios Padre – quiero que me estudien otro asunto: Ha de
haber sin duda mucha gente que desee hacer el bien a los demás y que, por
muy naturales limitaciones no pueda hacerlo, Es necesario arbitrar algún
mecanismo para que todos esos deseos concretamente formulados sean tenidos
especialmente en cuenta, Tiene que ser algo así como palancas de la
máquina que los hombres puedan manejar desde abajo. –
Justamente – interviene Dios Espíritu Santo – Yo había estado pensando una
cosa así y he preparado una maquinita que... no sé... creo que acoplada a
la Comp–Sal–Pro podría solucionar ese asunto. La he llamado Comp–Col–Circ,
Cómputo–colaboradora–circunstancial. Sí quieren les explico como
funciona. –
Veamos – dice Dios Padre alentador e interesado. –
Está acoplada a la Comp–Sal–Pro y recibe los aportes de energía que hagan
los hombres así sean éstos por actos de amor concretos o pedidos,
oraciones, etc. –
Como Uds. saben – continúa explicando – cuando un hombre produce un hecho
cualquiera la Comp–Sal–Pro lo registra y elabora para lograr la mejor
situación para la salvación del causante y de todos los demás, pero si se
trata de un hecho positivamente meritorio la Comp–Col–Circ lo registra
además en una cuenta aparte. Si se trata de una oración o pedido por
alguien, lo registra por partida doble: en la cuenta del que pide y en la
de por quien se pide. Si lo que se pide es que ocurra algo, algo bueno,
por supuesto, lo registra, lo acredita a quien corresponda y lo pasa a la
Comp–Sal–Pro a sus efectos. Si los pedidos de un determinado
acontecimiento o por una determinada persona se remiten con insistencia,
ya sea por el mismo o por distintos peticionantes, pasará a una subrutina
que lo analizará en forma especial y lo derivará a la Comp–Sal–Pro
adicionado de las conclusiones de su análisis y una recomendación de
pronto despacho, todo ello influido por un coeficiente directamente
proporcional al cuadrado de la insistencia. Yo creo que ahí están las
"palancas" que quería Dios Padre, ¿No les parece? – A
mí me parece muy bien – dice Dios Padre – es justamente lo que quería.
Bien, pónganse todos a la tarea que esto tiene que estar funcionando al
pelo de una buena vez. –––––––––––– La
tarea febril continúa en el Cielo. Paso a paso el equipo va obteniendo la
perfección requerida por Dios Padre, si bien es evidente que se necesitan
ensayos y ajustes para que todo responda en la forma deseada. Desde
luego que el peso de la labor recae sobre los gerentes a quienes la
Santísima Trinidad les ha confiado el trabajo. En un
momento de reposo, cansados y desilusionados por el magro resultado
obtenido, los encontramos en la cantina enfrascados en la siguiente
charla: – ¿A
vos qué te parece? ¿Saldrá esto o no saldrá ni medio? –
Salir va a salir, si Piquito de Oro lo pensó va a salir... pero lo que
pasa es que los de abajo son muy duros. –
¡Ay! ¡Si serán duros! – dice Miguel – ¿Cómo puede creerse que esos cosos
van a poder alimentar a la máquina? ¡Amor! ¡Bah! Puro egoísmo, no hacen
nada que no sea en beneficio propio. –
¡Che!, ¡No exageres!, también hay gente buena. Hay muchos que quieren a
los demás, que hacen el bien, que se sacrifican por los otros. Hay quienes
han dedicado toda su vida a ayudar a los demás a mitigar sus dolores, a
curar sus enfermedades, a enseñarles, a protegerlos... Hay quienes se han
separado del mundo y ofrecido sus vidas para rezar, para pedir a Dios
Padre por todos los hombres, a ofrecer sus sacrificios y renunciamientos
por ellos. En fin, todos esos son los que hacen andar la máquina... –
¡Todos esos! ... pero son muy pocos... –
Pocos... muchos... que más da... Acordate cuando Abraham le pichuleó a
Dios Padre la salvación de Sodoma y Gomorra: Empezó con aquello de que
“Quizás hay cincuenta justos en la ciudad... ¿quieres exterminar el justo
con el impío?" Dios Padre le dijo que si encontraba cincuenta justos los
perdonaba a todos, pero no los encontró y empezó el regateo de Abraham: “Y
si hay cuarenta y cinco”... “Y si hay cuarenta? ... – Si,
y llegaron hasta diez... y tampoco los encontró. –
Pero si los hubiera encontrado se habría salvado la ciudad ¿No? y te
pregunto yo: Diez ¿Son muchos o son pocos? ... – La
cuestión es que los pocos que sean lo sean en serio, lo que pasa es que la
mayoría son unos chantas. Mirá, un tipo escribió un libro sobre este
asunto, le puso el nombre "Revelación Apócrifa", ¡mirá si será fanfa! .,
Vos te crees que los que lo leen hacen algo en serio, se preocupan por la
cosa... ¡No! y él mismo... lo pensó... lo escribió... quiere que los demás
le hagan caso... ¿y él? ... como siempre, aprovechador... egoísta... ¿Qué
querés? ... –
Mirá, el asunto no hay que buscarlo por ahí. Tenemos que ajustar la
relación entre la energía que reenvían los hombres, que en definitiva no
es más que excitadora, y la respuesta que pueda obtenerse. –
Bueno, si es así, no va a haber problemas... Ayer entré en la sala de
control a buscar unas tarjetas y los vi a los tres parados frente al
tablero. El Viejo miraba el amorímetro que estaba bajo, muy bajo,... con
esa tensión la máquina tenía que pararse en cualquier momento. Se miraron
los tres y el Piquito comentó algo que no pude entender sobre "relación
insuficiente". Entonces intervino el Flaco y empezó: – Dale un poco más
Abba – ya sabés que cuando lo llama Abba el Viejo se ablanda y le da lo
que le pida – Un poco más Abba... un poco más – jeringueaba el Flaco, y,
¡claro! el Viejo aflojó, y le dijo al Piquito: Metele – y entre los tres
levantaron el amorímetro a punto ocho... –
Bueno, así cualquiera. – Sí.
pero el Viejo tiene un metejón con esos tipos! – ¿Y
el Flaco?, ¿Qué me decís? ... La
conversación se acaba. Todos vuelven a sus tareas y al salir todavía se lo
oye a Miguel refunfuñar: –
¡¿Qué les habrán visto?!
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