Revelación Apócrifa

   

por el Arq. Luis Alberto Vernieri López

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CAPITULO 8

LOS MARCIANOS

8.1     ¿QUIÉNES SON? ¿CÓMO SON?

Hemos afirmado ya en 3.7. que son muchos los planetas de nuestro Universo U+342 y de los demás universos de orden superior e inferior, incluyendo los de signo negativo, que tienen habitantes. Nos referimos, por supuesto, a habitantes creados como los hombres  “a imagen y semejanza de Dios”, ya que planetas con vida más o menos primitiva del tipo de la animal o vegetal hay muchísimos más.

Las características físicas de estos hombres están lógicamente condicionada por las circunstancias ecológicas de sus respectivos hábitats, pero algo tienen que es común a todos: todos poseen discernimiento, libertad y voluntad y todos son conscientes.

Y algo más tienen en común: A ninguno de ellos se le ocurrió, como a Adán, romper relaciones con el Padre.

El grado de evolución de estos seres es muy diverso. Los hay que recién están en el despertar de su conciencia y son poco más que animalitos que poco a poco empiezan a descubrirse a sí mismos, y los hay también que han recorrido trechos enormes y se encuentran en un estadio muy cercano a la perfección.

En todos los casos, estando unidos al Padre y cumpliendo ellos la parte correspondiente al Plan original, su vida se desliza en medio de felices expectativas descubriendo a cada momento nuevas maravillas que el Padre ha hecho y ha puesto en su camino para que aprendan a conocerlo y amarlo como Él los conoce y los ama.

A todos les dio el mismo mandamiento al crearlos: “Creced y multiplicaos. Henchid la tierra y dominadla". A todos, pues, los hizo sus colaboradores, participantes activos en la dilatación de su gloria.

A todos les puso una condición que cumplir, sólo una, para que la libertad tuviera existencia real. Esta condición ha sido, hasta ahora, cumplida por todos, menos por nosotros.

A todos los hizo herederos de esa gloria imperecedera, recreada permanentemente con la libre y consciente participación de cada uno, y a la que cada uno llega luego de cumplir sin angustias ni zozobras la tarea impuesta por el Padre como justa y meritoria parte en la tarea común.


8.2      ¿QUÉ SE DICE DE ELLOS?

Quienes dicen tener contactos con seres de otros planetas, y aquellos que han creído descubrir rastros de anteriores intervenciones extraterraqueas, no han tenido en cuenta, como es lógico, la circunstancia que he señalado en el punto anterior, y ello les ha llevado a atribuir a causas equivocadas algunas de las condiciones que les atribuyen.

Así es común que asocien la bondad de un pueblo con su grado de evolución. Por ser muy evolucionados, por tener una tecnología muy avanzada, por disponer de fuentes energéticas de ilimitado poder, por ello, son buenos, pacíficos, tolerantes. Nada más falso. La historia humana debiera bastar para negar este aserto. Si tales pueblos tienen semejantes virtudes es por la única y sencilla razón de que permanecen unidos al Padre.

También es común que, ante la sospecha de algún cataclismo cósmico, se le atribuya el ser consecuencia de alguna acción de guerra entre beligerantes espaciales.

Así, para un escritor suizo de señalado éxito literario y cinematográfico, los asteroides serían restos de un planeta que saltó en pedazos destruido por un pueblo en despiadada guerra de exterminio, contra otro. También esto es falso: la guerra es un producto exclusivamente terráqueo y consecuencia directa del pecado.

Este problema de los asteroides y su origen ha dado lugar a las más variadas conjeturas. Para otro autor, amigo y confidente de un actual habitante de Ganímedes, el 5° planeta, el ubicado entre Marte y Júpiter, estalló no por acción de guerra sino por circunstancias naturales y fue, precisamente, el conocimiento previo de tales circunstancias, lo que obligó a sus habitantes a emigrar al satélite de Júpiter.

Unos y otros de los autores que se ocupan de este tema, y no me refiero a los novelistas de ciencia–ficción, han descubierto distintas formas de intervención de los extraterráqueos en la vida de los hombres. Se les atribuye, por ejemplo, el ser los autores de las pirámides de Egipto, o, por lo menos, los que aportaron los conocimientos y el instrumental necesario para su construcción. También serían los constructores de las edificaciones mayas y aztecas, y los que colocaron en su sitio las cabezas de la isla de Pascua, y cosas como esas.

Es cierto que son muchos los misterios arqueológicos y es comprensible la tentación de atribuir a “habitantes de otros planetas" cualquier cosa rara que no sepamos explicar.

Pero ello tiene el grave inconveniente de confundir lo verdadero con lo falso, cosas que son comprobadas con otras que no lo son, y así alejarnos las más de las veces de la verdad en lugar de acercarnos a ella.

Algunos autores, como nuestro amigo el suizo, desean encontrarle explicación "natural" a todo y para ello no encuentran mejor manera que el atribuir condiciones prácticamente "sobrenaturales" a nuestros hermanos extraterráqueos. Así, para él, ellos serían los "dioses" que crearon al hombre "a imagen y semejanza" al haber provocado, con sus grandes conocimientos genéticos y sus maravillosas posibilidades técnicas, la evolución del mono.

Otros autores prefieren "espiritualizarlo" todo y para ellos los extraterráqueos son una especie de ángeles o de “sutiles formas cerebrales" que a fuerza de pensamiento se comunican con algunos elegidos de entre nosotros, viajan por el espacio y todo eso.

Pues bien, sépase que todo esto es exagerado y poco serio: los extraterráqueos son hombres, hijos de Dios como nosotros, más o menos evolucionados, con más o menos recursos técnicos, pero hombres al fin.

Cabe mencionar ahora la vasta información periodística sobre los "Platos voladores" y sus tripulantes: las misteriosas apariciones de UFOS y OVNIS, sus evoluciones, su fantástica velocidad, la variedad de formas y tamaños observados, las huellas y rastros dejados, las encontradas descripciones de sus tripulantes: altos, esbeltos, vestidos con relucientes monos plateados, peticitos de color verde...

La información es abundante y variada y alguna aporta elementos de juicio de verdadero interés.

Pero hay algo que es muy importante de destacar: nuestra prensa catastrófica, tan amiga siempre de narrar detalladamente siniestros y desgracias, no ha dado jamás una noticia relacionada con la aparición de un OVNI que tuviera alguna relación con hechos de sangre, violencia o destrucción.

Desde luego los "marcianos" son distintos a nosotros, vean si no el sucedido que les voy a contar.


8.3       MARCIANOS EN TANDIL

– Vení, petiso, que te cuento: vi un plato volador...

Así me dijo mi amigo Carlos Kasper cuando lo encontré en la calle Florida.

Carlos es Ingeniero Civil y se ha dedicado a fabricar aparatos electrónicos que tienen que ver no sé qué con la cardiología.

– Entremos a tomar algo y te cuento.

Entramos a un café y me contó:

– Fue en la estancia de Pedro Ramos, en Tandil,  justo cuando nos veníamos. Estábamos en la galería después de cenar, hacía mucho calor: había llovido y el tiempo seguía pesado.

– Manuca, mi mujer... vos la conoces... salió a mirar el tiempo y volvió diciendo: – Parece que va a mejorar... hay estrellas.

– No – dije yo – Si está todo encapotado.

– Debe estar abriendo, porque yo vi una estrella – insistió ella.

– Salimos todos, estábamos con Pedro y la Negra, tanto por las estrellas como para ver si hacía un poco más de fresco afuera, y vimos, entre los árboles, cerca del zenit, una estrella grande, rojiza.

– Si, debe estar abriendo – dije yo, y no había terminado de decirlo cuando la estrella se movió: se corrió un poco más abajo, hacia el oeste.

Vieras que julepe, petiso, de golpe fue como si todo fuera distinto, irreal, todo me pareció confuso... ya no entendía nada.

La estrella se quedó unos segundos en la nueva posición y ¡zas! volvió al lugar de antes.

– Es un satélite dijo Pedro.

– ¡Qué satélite! – dije yo – es un plato volador: los satélites no vuelven para atrás...

Nos quedamos mirándolo. El plato volador se movía de una posición a la otra, se quedaba un ratito quieto y de repente volvía al lugar anterior. Y también, cada tanto, hacía unos zigzagueos rarísimos a velocidad increíble y volvía al sitio de antes.

Nosotros mirábamos al plato volador, nos mirábamos unos a otros pero no decíamos nada: no sabíamos que decir.

Estábamos en eso cuando de repente desde atrás de un monte vemos aparecer otro artefacto, mucho más grande, más bajo: se venía derechito hacia donde estábamos nosotros. Te juro, petiso, que nunca tuve más susto en mi vida.

El cusifai pasó por encima de nuestras cabezas, parejito, silencioso, iluminando todas las cosas con su luz rojiza.

Era un plato volador, pibe, un plato volador como los del cine: estaba allí, no te puedo decir ni la altura, ni el tamaño, pero estaba, seguro casi se podía tocar.

Pasó de largo, derechito, y se perdió detrás de otros árboles. El de arriba comenzó a bajar y se fue detrás del otro.

Y empezamos a hablar todos al mismo tiempo: Y viste eso... y viste aquello...

Mirábamos por donde se habían ido. Detrás de los árboles se veían unos destellos azulados como los de soldadura eléctrica.

– Mirá, bajaron allí...

– Tenemos que ir a ver...

Todos dábamos ideas: queríamos ir, pero no nos animábamos... así de noche... el camino de tierra... ¡quién se metía!

Nos quedamos mirando un buen rato a ver si los veíamos irse, pero nada, solo los resplandores azulados, cada tanto, pero nada más.

– Viste, todavía están allí...

Por fin, a eso de las doce, resolvimos irnos a dormir y dejar la investigación para cuando aclarara.

¡Dormir!, ¡Te imaginás cómo dormimos! ...

Al día siguiente nos levantamos a las seis. Llamamos a los peones, juntamos un par de escopetas, palos, horquillas. guadañas, sogas, ¡Qué sé yo!

Nos fuimos en el auto y en la camioneta de la estancia. Pedro, que conoce bien el lugar, estaba seguro del sitio donde habían bajado y nos guió hasta allí.

Yo estaba excitadísimo, tenía una escopeta y la abría y cerraba a cada rato para ver si tenía cartuchos: Yo quería cazar un marciano y estaba dispuesto a todo...

No pensé si eran hombres o animales, ni si eran más inteligentes que nosotros, ni se me ocurrió pensar las armas que ellos podían tener Yo quería cazar uno, vivo o muerto... Tenía que cazar uno.

Dimos como mil vueltas hasta cerca del mediodía, pero no vimos nada. Pedro insistía: – Tiene que ser por aquí... Pasemos por aquel lado... a ver...

Pero no vimos nada, ni huellas, ni pasto quemado, ni nada...

Por fin, cansados, confusos, desilusionados, excitados... ¡qué sé yo! volvimos al casco...

Petiso, ¡qué querés que te diga! ¡Yo lo vi, todos lo vimos! Era un plato volador!

Mirá, habrá sido lo que vos quieras, pero. ahora, cuando lo pienso, yo me agarro la cabeza...

Sabés, petiso: yo quería cazar uno... Y, vos sabés, vos me conoces, yo soy un tipo bueno... buen cristiano, casi, pero si se me pone delante ¡lo cazo! ...

Petiso, estoy abochornado: ¡Soy una mala bestia! ...


8.4      LA REALIDAD

Evidentemente los marcianos no son como nosotros. Si lo fueran ya nos habrían dado más de un disgusto. Por que si de “cazar" se trata, con sus recursos técnicos no creo que valieran mucho túneles o escondites.

Lo de túneles viene a cuento por lo que sostiene ese autor suizo del que les hablé. Él piensa que los túneles descubiertos en Ecuador y Perú fueron construidos por los habitantes de aquel planeta a la defensiva que se refugiaron en la Tierra. Ellos serían los mismos que hicieron que el mono se convirtiera en hombre, y sus enemigos los que hicieron explotar el “5° planeta". Posteriormente, los monos evolucionados, es decir, nuestros abuelitos, habrían hecho nuevos túneles para protegerse a su vez de los ''dioses que los crearon a su imagen y semejanza".

Pasando por alto lo de la guerra, por las razones que Uds. saben, lo demás tampoco es verosímil. Con cavernitas a tipos capaces de hacer explotar planetas... ¡Vamos hombre!

Hay una realidad y son los túneles, y otro montón de realidades que también hacen pensar: algunas de las figurillas de barro japonesas del período Jomon. Las cabezas de la isla de Pascua, el "astronauta" del sarcófago de Palenque, algunas pictografías como las de nuestra Talampaya, en La Rioja, y toda esa colección de cosas de tan difícil interpretación.

Pero ante ellas sólo cabe una actitud: seguir investigando con rigor y perseverancia.

Es muy probable que pueda verificarse la presencia de extraterráqueos en tiempos pretéritos, como es posible que pueda verificarse su presencia hoy mismo. Y es probable también que, trabajando con seriedad, analizando inteligentemente los indicios hallados y usando de sanos razonamientos libres de prejuicios se pueda llegar a interpretar la actitud de tales viajeros en unas y otras oportunidades.

Eso, a nivel científico...

Pero yo les digo desde ya, porque así me fue revelado, que nuestros buenos hermanos de otros planetas están muy ocupados cumpliendo la voluntad del Padre y que en cumplimiento de esa voluntad trabajan, estudian e investigan: tratan de desentrañar los misterios de la Naturaleza, que no es más que la forma como quiere Dios hacerse conocer. Tratan de "henchir la tierra y dominarla" como el Padre les ha mandado y como, mal que mal, también hacemos nosotros.

Y, claro, para eso también viajan, aun por el espacio, y así, más de un pueblo y más de una vez se han acercado a nuestro conflictuado Sol III. Pero en cada oportunidad que lo han hecho, como son naturalmente buenos, han procedido de la mejor manera posible.

A veces han usado a la Tierra como base de operaciones, cuando ello no perjudicaba ni poco ni mucho a nadie. Otras han intervenido dando una manito a pueblos primitivos, como ocurrió antaño, y de ahí los indicios dejados en inscripciones y leyendas. Y otras veces, como ocurre ahora, actuando con la mayor discreción, respetando la libertad de los demás, que saben que es tan cara al Padre, cumpliendo con sus propios fines sin interferir, en la medida de lo posible, en asuntos que los hombres tienen que arreglar por sí mismos.

Y con ese comportamiento, muy bien aprovechado por la Comp–Sal–Pro, los “marcianos" también contribuyen, esta vez consciente y libremente, no como las cosas y los animales, a la recuperación de sus hermanos terráqueos cuya peculiar situación conocen y ponderan porque por ella han cobrado conciencia de la maravillosa fidelidad de Dios por sus criaturas, de esa bondad infinita que lo llevó a encarnarse, a hacerse hombre, para que hasta el más pequeño de ellos pudiera participar de su gloria.

 

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