Revelación Apócrifa

   

por el Arq. Luis Alberto Vernieri López

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EPILOGO

Al principio de este trabajo me he referido al hombre como el "Rey de la Creación". El título debía sonar irónico, cuando no francamente ridículo.

Y en realidad, qué despreciable se nos aparece el hombre si lo ubicamos en su contexto universal. El hombre, frágil y fugaz residente de un granito de polvo perdido en la inmensidad de los espacios.

Pero no fue así para Dios. Para El no fue despreciable el hombre. El Verbo Divino se encarnó: tomó cuerpo y alma humana para rescatar, como quien salva a un bichito arrastrado por una catarata, a este pequeño ser caído.

Esa es la dimensión divina.

Le bastó a Dios la Luz para crear el Universo.

Le bastó el Amor para crear la Vida.

Un solo mandamiento necesitó para crear la Libertad.

Un solo pecado para demostrar su Bondad.

Un solo mundo caído de entre los infinitos universos creados para demostrar su inalterable fidelidad.

El hombre cometió tal falta: "Dichoso pecado que nos valió tal Redentor".

Y Dios se hizo hombre para redimirlo.

Y el hombre, por que Dios se hizo hombre y no otra cosa, es el Rey de la Creación.

El Rey de la Creación, ¡Sí! En Cristo y por Cristo.

Y la mujer que dio a Dios cuerpo y alma de hombre, qué ha de ser sino Reina y Señora de todo lo Creado.

A ella, a la Virgen Santísima, yo le dedico este trabajo y le ruego, por el maravilloso misterio de la Encarnación, que ella que es nuestra abogada, presente a Dios Nuestro Señor la oración corta y sentida de los desterrados hijos de Eva:

"Ven Señor Jesús".

Buenos Aires, 16 de febrero de 1985.

 

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