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PRELUDIO Este no
es un prefacio, es un preludio: porque lo que sigue es un
juego. El
Director del Retiro Espiritual terminó su meditación sobre la Redención y
dijo: - Ahora vayan a su cuarto, relean el Evangelio y piensen en la actitud asumida por la Santísima Trinidad ante la caída del hombre: imagínense al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo discurriendo sobre el plan de salvación. Yo, dócil y obediente, fui a mi cuarto, releí el Evangelio y me puse a pensar... Pensé que
Dios era omnisapiente. Pensé
también que era acto puro. Pensé que
las tres personas de la Santísima Trinidad eran iguales en perfección,
iguales en conocimiento, en omnipotencia... En
seguida me puse a especular entre la posibilidad o no de tal
conversación... Discurrir... ¿Puede Dios discurrir...? Si para
Dios todo es presente... Si lo sabe todo... Cómo sería posible un
intercambio de ideas si... Bueno, no
habían pasado diez minutos y yo estaba totalmente confundido. Los
pensamientos se amontonaban y entrechocaban en mi pobre cerebrito... Era
incapaz de coordinar una sola idea coherente. La cabeza
me dolía, me parecía que tenía fiebre, la angustia comenzaba a
embargarme. Hay que
ser como niños! La idea
me golpeó en la frente. Y me dije
entonces: - Basta
para mi! ... Ahora jugábamos a que el Padre es el Viejo, el Hijo es el
Flaco y el Espíritu Santo la Palomita. Me olvidé
de la Teología, la Filosofía y de todas esas pequeñeces y me entregué a
Dios, como un niño a su Padre; y a poco las ideas empezaron a ser más
claras y salí, al fin, reconfortado. Algo
escribí sobre esto y algún imprudente que lo leyó me aconsejó:
Seguilo! Lo demás
es culpa mía. La forma
como he encarado esta tarea requiere alguna aclaración: La
noticia científica que aquí se da no es noticia y casi no es científica.
Como información es sumamente elemental, del nivel de un colegio
secundario a lo sumo, y cualquier lector medianamente informado sabe de lo
que aquí se habla más de lo que aquí se dice. Y apenas es científica
porque si bien casi todo lo expuesto ha sido defendido con mayor o menor
entusiasmo por científicos de reconocida sapiencia ha sido también
refutado con similar vehemencia por otros hombres no menos
sabios. No es
entonces como información que tales cosas se dicen, sino, más bien, con la
intención de construir una base o plataforma en la que poco más o menos
todos podamos apoyarnos para lanzarnos, a partir de ella, hacia un
universo de maravillosas posibilidades. De tantas
posibilidades y alternativas,
yo he elegido algunas y debo confesar que no todas son de mi
creación. Unas son
cosas que leí hace mucho tiempo... y no se dónde. Otras son
cosas que leí hace poco y que sí se de dónde las saqué. Pero me he
resistido a nombrar autores y libros para no llenar esto de citas y
comillas. Hasta el
personaje de Ciro Dan lo he sacado, con nombre y todo, de una novela de
Hugo Wast, estoy seguro, que, desde el Cielo, don Gustavo me va a
perdonar. Pero, a
pesar de todo, con todas esas ideas y personajes ajenos he tratado de ser
justo dando suficientes indicios de su procedencia. Por si no lo he
logrado, valga este formal reconocimiento. Y de las
otras ideas, de aquellas que se ocurrieron a mi solito, ¿Qué puedo
decir? Si son
buenas, y valen algo... deben ser reveladas, no más. Si no, el Buen Dios y ustedes me lo perdonen.
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